martes, 12 de mayo de 2009

El jugador: Epílogo

Epílogo:
Al día siguiente todos los noticiarios y periódicos del país hablaban de la noticia:

En el día de ayer, I.A.N., un antiguo empleado de la empresa PCXogoS armado con un fusil realizó una matanza delante de la empresa para la que había estado trabajando. El número de muertos es de casi 200 personas entre hombres, mujeres y niños, los cuales masacró sin piedad. Al mismo tiempo se ha abierto una investigación paralela y están investigando si era el responsable de los asesinatos de su antigua pareja y de la novia actual de esta.

Nadie se explica el motivo de ese acto de locura sin sentido. Aunque algunos se apresuran a decir que la responsabilidad es de los creadores de juegos tan violentos, en los que la realidad no difiere de la ficción. Por otra parte, los actuales propietarios de PCXogoS, los cuales lamentan la perdida de muchos de sus empleados, han comentado que a finales de año saldrá a la venta el nuevo juego “El Francotirador”.

lunes, 27 de abril de 2009

El jugador: Día 3

Hoy estoy cansado. Quiero terminar la partida de una vez por todas. La única cosa que ansío es en llegar al final. La misión de hoy es la de acabar con una sección completa de espías y no hace falta que sea de una forma silenciosa. No me veo yendo a casa de cada uno para liquidarlo antes de llegar al trabajo, sería ridículo y las autoridades me descubriría enseguida, sobretodo ahora que las noticias de las dos muertes son públicas.

Para esta misión dispongo de un fabuloso SVD, cuatro cajas de 7N14 de 50 balas, cinco cargadores de 10 balas cada uno, una mira telescópica estándar PSO-1 4×24 que incluye una retícula operada por batería y un filtro infrarrojo pasivo y un silenciador y un trípode para un perfecto apoyo y absorción del retroceso, es decir, una auténtica joya del ejército ruso.

Al tener que exterminar a mucha gente necesito buscar con cuidado la posición desde la que tengo que realizar la misión. La distancia no es que sea muy importante, ya que con este rifle tendría un alcance de gran precisión con 600 m. pero hasta 1000 m. me podría permitir alejarme. La hora también es fácil de seleccionar, a la salida del café. Todos saldrán distraídos y haciendo mucho ruido con lo que podría disfrutar de unos minutos vitales.

Cojo la maleta que está debajo de la cama con el arma y me dirijo a un hostal situado frente a las oficinas, a unos 500 m. Reservo la habitación de la última planta después de haber preguntado si había alguien en esa planta. Un miércoles a las 11 el hotel está vacío. Subo lentamente y sigo deleitándome con cada detalle. En el botones que me acompaña se le notan hasta las cicatrices de un acné juvenil y las pequeñas manchas de desaliño. La moqueta de la habitación está descolorida y tiene pequeñas manchas de antiguos visitantes. Me gustaría hablar con los diseñadores gráficos para ver como obtuvieron tantos datos.

Una vez que el botones se marcha abro la maleta encima de una cama con una colcha pasada de moda y procedo a montar mi herramienta. Una vez dispuesta la sitúo a un metro de la ventana, una ventana que previamente he entreabierto lo suficiente como para poder apuntar y disparar sin que me vean. Atento a los detalles enciendo la televisión con el fin de poder acallar los ruidos que el arma pueda realizar.

Con calma procedo a rellenar los cargadores mientras espero a las 12 de la mañana.

Cuando faltan cinco minutos realizo una prueba. Apunto a una paloma situada sobre el alfeizar del edificio. El animal deambula de un lado a otro de la mirilla y es perfecto para observar si realmente tengo anonimato. Respiro profundamente y aprieto. Una multitud de plumas se esparcen al explotar el animal. Si alguien estuviera en mi misma habitación apenas percibiría un sordo disparo.

Una sonrisa se vislumbra en mi boca. Dirijo la mira hacia la ventana del director técnico. Cuando llega la hora de bajar al café él siempre se queda sólo realizando una llamada a su amante después de asegurarse que nadie le puede oír. Le veo descolgar el teléfono y antes de que sus dedos acaricien el teclado un torrente de sangre sale despedido de su pecho después de que la bala le atraviese. Veo como en la pared aparece un pequeño agujero.

Desciendo un par de pisos más y me muevo hacia la izquierda. Ahí está la joya de la empresa, un probador de los juegos asiáticos y especialista en hentais masturbándose delante de la pantalla de su ordenador. Es increíble el aumento de la mira, hasta podría describir con todo detalle lo que están haciendo las japonesitas que tanto le atraen. Levanta la vista al techo y disparo. Creo que cuando la bala le atraviesa el cráneo de lado a lado se estaba corriendo.

Ahora el tiempo apremia. La mayoría de los empleados están ya en la calle. Me fijo en un grupo que gira hacia el garaje, son 6 compañeros que dialogan animosamente mientras uno saca del bolsillo una pequeña bolsita blanca. Van hacia una zona apartada y lo esparcen poco a poco sobre el capó de un coche. Con cuidado preparan su dosis antiestrés. Respiro y espero a que el último alce la cabeza mientras repite el gesto de frotarse la nariz que hicieron sus compañeros previamente y disparo 6 tiros sucesivos. El primero se introduce por un ojo que nunca más volverá a ver, la segunda atraviesa la garganta del que se empieza a reír al ver caer a su compañero, la tercera abre un agujero en la frente de uno que acertó con la dirección del disparo, la cuarta destroza la columna de la chica que se agachó intentando esconderse y la última hace girar por los aires al que se marchaba corriendo.

Cambio con calma el cargador y busco. Al parecer dos han visto caer al último y se dirigen corriendo al garaje. El que va detrás es el primero en caer con los brazos extendidos como si quisiera volar. El segundo corredor, al escuchar el golpe de su compañero en el suelo se para, sabe que va a morir y me busca. Dejo que se gire y observo su cara de terror, veo como de sus ojos caen lágrimas, le veo taparse la cara y destrozo su corazón.

Nuevamente apunto a la entrada y me fijo en los que están animosamente hablando mientras queman sus pulmones. Odio el tabaco. Me preparo para 5 tiros rápidos. Una cabeza destrozada, un pulmón perforado y un corazón destruido hacen que los otros dos consigan huir aunque consigo alcanzar a uno en un pié. Sin oírle escucho sus gritos de miedo y veo como alza la mano pidiendo ayuda. Apunto hacia la oscuridad a la que mira y cuando observo una sombra disparo nuevamente. Sus manos cubren su cabeza cuando ve caer a quién le dejaba sus pitillos y me aseguro que nunca más vuelva a fumar esparciendo sus sesos y parte de su rostro por el suelo.

Se acabó la sorpresa, la calle es un hervidero de gente corriendo. Ya no elijo sólo dejo que la mira se mueva y tan pronto como veo un objetivo disparo. Mujeres, hombres caen indiscriminadamente tiñendo la calle de color. Miro hacia las ventanas y veo a los curiosos, esas personas que siempre aparecen y nunca hacen nada. Como patos en una feria empiezo a destrozar las cabezas que se asoman a cotillear en la desgracia ajena.

Cuando escucho un nuevo clic en falso procedo a recargar el arma instintivamente. Ahora los gritos se escuchan pese a la televisión. Al tirar la segunda caja vacía al suelo me duele el dedo de disparar, aun así vuelvo a mirar por mi ventana de muerte. Por fin la policía hace acto de presencia, menos mal, ya no quedaban más victimas a quién apuntar. El primero a duras penas puede salir del coche cuando se desploma herido mortalmente. Disparo, disparo, disparo…. me embriago con cada caída, gozo con cada vida destrozada. Ya no se trata de matar a los objetivos, todos son objetivos.

Ya han pasado dos horas, sólo me queda munición para 3 cargadores más y las fuerzas especiales han entrado en escena. Veo como pequeñas cabecitas se alzan sobre uno de los edificios y con calma me preparo y espero. Veo como su mira telescópica me busca justo antes de explotar atravesando su masa encefálica con mi bala, pero ha sido una mala idea. Escucho un disparo a mi alrededor, me han localizado.

Esto se ha transformado en una caza contrarreloj. Ansioso busco más objetivos y localizo uno en la zona donde abatí a mi primera víctima mirando hacia mi posición con su rifle. Nuestros disparos se cruzan en el aire pero es el mío en que alcanza su objetivo mortal. ¡Argh! Una bala alcanza mi brazo, ¡será cerdo! Me separo de la ventana cogiendo mi fusil y escucho pasos en el pasillo. Se detienen frente a la puerta. Tengo que sorprenderlos antes que ellos hagan nada. Me acerco a la puerta y disparo una ráfaga. Cuando la abro tres cuerpos yacen en el suelo. Suspiro mientras pienso en las pocas balas que me quedan y uso mi penúltimo cargador. Un cling me avisa del ascensor y me giro antes de que la puerta se abra. Una nueva ráfaga barre con los cinco soldados que iban a entrar. 10 balas nada más y no voy a poder escapar.

Me dirijo a las escaleras con el arma al hombro. Si estuviera más tranquilo me agacharía y tomaría prestado uno de los rifles de asalto que hay en el suelo, pero eso sería profanar la misión. ¡Uhm! Calor en mi pierna. A través de la ventana de las escaleras me han vuelto a alcanzar. Me aparto de las cristaleras y llego a la planta de abajo. No hay nadie, despacio me dirijo hacia la recepción cuando escucho abrirse una puerta. Disparo sin mirar y veo como el cuerpo de un muñeco sale despedido por los aires. ¡Noooo! Gritan tras de él y vuelvo a disparar. La mujer cae al lado de lo que creía un muñeco, su hija pequeña.

Me doy cuenta de lo que acabo de hacer. Como un interruptor mi mente se enciende. El juego ya no existe sólo el miedo a lo que acabo de hacer. Caigo de rodillas sobre el suelo mirando los ojos vidriosos de la niña. Quiero gritar y todas las caras de mis compañeros me aparecen, mi antigua pareja, su novia... los desconocidos que veía cada día. El estrés, mirando a mi fusil de colección apoyo el cañón bajo mi mandíbula. Otra vez escucho pasos por las escaleras y disparo.

jueves, 23 de abril de 2009

El jugador: Día 2

Nada más levantarme deseo volver a jugar. El día de ayer fue mejor de lo esperado y descansé a pierna suelta. La 2º misión es más complicada. Ahora todos están al tanto de la muerte de la mujer y tendré que andar con más cuidado. El siguiente objetivo se trata de otra mujer, creo que también tiene que ver con algo de espionaje. Ahora se trata de ir a la ciudad intentando evitar los retenes policiales que se han creado cerca del punto de partida. Aunque tengo a mi disposición varios vehículos lo mejor es optar por ir a pié.

En la casa origen tenía a mi disposición varias armas y elijo una Beretta con un silenciador. Su tamaño es apropiado para pasar inadvertida. Ando a través de un parque y nuevamente los detalles son sobrecogedores, niños jugando, niñeras, madres, multitud de posibles víctimas perfectamente diseñados. Hasta las voces tienen distintos tonos y acentos, nada de voces metálicas con frases repetitivas. Sigo mi camino y consigo evitar los retenes situados en la carretera. Sé que con esta decisión voy a tardar en llegar a mi destino pero me sirve para recrearme con los detalles más pequeños.

Una vez en la ciudad reina un caos humano, nada de perfectas filas de vehículos y los oportunos espacios entre la multitud. Bares, panaderías, tiendas de ropa… todo está perfecto hasta el mínimo detalle.

Una vez frente a la casa tengo dos opciones, o esperarla a que salga o subir a terminar con ella. Aunque la opción de esperarla es la idónea, la cantidad de gente que hay en la calle haría que reinase el caos y de lo que se trata de de pasar inadvertido y no tengo más que un cargador para poderme defender en el caso de que sea necesario. Con pesar opto por subir hasta la casa.

La puerta principal está cerrada. Timbro en el interfono y me sorprendo al escuchar una voz respondiéndome. Le digo que soy un correo comercial y me dice que no acepta publicidad. Timbro en otra vivienda y al repetir mi mensaje sin dudarlo me abre. Nuevamente me sorprendo de la IA del juego.

El nombre de la chica aparece en unos buzones oxidados y llenos de publicidad y correspondencia de leer que debieron de pertenecer a antiguos inquilinos. Según voy las escaleras sigue habiendo pequeños detalles que me demuestran la capacidad de los diseñadores: papeles de chiche, colillas, una cucaracha…. el sonido de mis pasos por el linóleo y las voces provenientes de algunas viviendas que demuestran que ahí vive alguien.

Cuando por fin me encuentro delante de su puerta llamo. Escucho el taconeo de sus zapatos al dirigirse hacia la entrada. Desenfundo, amartillo el arma y me preparo. La puerta se abre y cuando observo su cabeza no lo dudo. Alzo el brazo y le apunto mientras sus pupilas se contraen justo antes de disparar. Una lluvia de sesos y sangre sale despedida por la nuca mientras un grito se ahoga en su garganta. Sin que se llegue a caer la aguanto y dejo que se deslice al suelo sin hacer ruido. Miro hacia atrás y me aseguro de que nadie me haya visto. Perfecto. Arrastro el cuerpo hacia el interior y me marcho cerrando la puerta con cuidado.

Nuevamente en la calle siento como su pulso se acelera al ver una patrulla de policía circulando por delante del edificio. Sin permitir que haga nada lo encamino hacia casa. Una vez allí limpio y guardo la Beretta. He acabado la 2º misión.

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Cada vez me gusta más el placer que me ocasiona este juego. Casi sentí como la tapa de los sesos salía despedida y todo mi cuerpo está en tensión. Pero la partida aun no está acabada.

martes, 24 de marzo de 2009

Una nueva vida: 7ª parte

Una vez en casa arrojé el bolso contra el sofá. Mi cuerpo estaba lleno de ira. ¿Quién se creía que era para rechazarme? Era la primera vez que me sucedía, que alguien me despreciaba de esa forma. Abrí la ducha y me desnudé. Andaba por la casa como una leona enjaulada mientras el agua repiqueteaba contra la mampara. Un par de veces fui a la nevera para buscar algo con que saciar mi frustración, pero me encontraba totalmente hinchada por la comida. Cansada y con el cuerpo ardiendo me marché a la ducha dispuesta a relajarme profundamente.

Al cabo de media hora salí con las ideas más claras y el cuerpo renovado. Creo que si quiere volver a verme tendrá que darme muchas explicaciones… y muchas, muchas disculpas. Sin encender el ordenador me marché a cama dispuesta a olvidarme de una noche tan aciaga.

Un resplandor. Oscuridad. Abro los ojos pero todo sigue a oscuras y me doy la vuelta dispuesta a seguir durmiendo hasta que suene el despertador. Me encanta la oscuridad y en mi habitación no hay nada que resplandezca. Antes tenía un despertador que me habían regalado con radio, pero sus lucecitas me martirizaban cada vez que abría los ojos por la noche y opté por volver al clásico reloj de campana con su relajante tictac. Hasta el teléfono lo dejo en el salón, para no cogerlo si me llaman y el portátil lo apago cuando no aguanto más.

Cuando estaba casada era distinto. A él le gustaba tener la televisión en la habitación y casi siempre se quedaba dormido con ella encendida. Otras veces se pasaba horas hablando por teléfono arreglado asuntos de última hora, según él. Pero a la hora de la verdad… bueno es igual, ya todo eso es agua pasada. Ahora duermo arropada por la penumbra.

Suena el despertador y me giro para robar al día esos últimos instantes de modorra. Al cabo de cinco minutos de campaneo incesante me levanto a apagarlo y junto a él veo una foto. ¡UNA FOTO MIA EN CAMA!

domingo, 15 de marzo de 2009

El jugador: Día 1

Un nuevo mes un nuevo juego. Cuando era un niño de apenas 16 años soñaba con que me pagaran por hacer lo que más me gustaba: jugar. Ahora he conseguido lo que la mayoría quisieran, soy probador de videojuegos. Al principio era divertido, era el primero en probar todos los juegos, encontrar los fallos, crear el mapa de pistas, valorarlo..... pero eso era cuando era divertido.

Ahora tengo 25 años y llevo 5 en esta rutina constante. Pocas novedades son capaces de sorprenderme ya y eso que los gráficos son cada vez más parecidos a la realidad y más globales. También antes solía ir a la multitud de certámenes de videojuegos para retar a la caterva de mentes videoadictas, pero tampoco tiene gracia ya.

Aunque muchos me vean como un paria o un fracasado social yo podría reírme de ellos. Soy el probador mejor pagado de toda la compañía y mis opiniones han conseguido que muchos juegos no llegasen a ver la luz o que fueran un éxito de ventas en su primer fin de semana, ya que no sólo me limito a dar consejo sobre la jugabilidad, también les oriento hacia el público que se dirigen y la campaña de publicidad.... pero ya estoy aburrido.

Las nuevas consolas fueron divertidas.... la primera semana. La adaptación de los juegos a la movilidad espacial me aburren. Ahora ya no llega con que seamos los mejores jugadores, ahora parece que quieren atletas. Menos mal que eligieron a otro grupo para probar esos juegos. Mi especialidad son los de guerra, asesinatos.... grandes misiones de lógica y acción.

A mi novia también le gustaba esta vida. Hasta que descubrí que al cabo de un año se había aburrido de eso y de mí. Se marchó con una jugadora y ahora viven cerca de aquí... no soporto verlas cada mañana abrazadas o cogidas de la mano. Me gustaría enseñarles como se usa correctamente mi SVD en su cabeza.

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Este nuevo juego es espectacular: escenarios abiertos, misiones largas y unas texturas realistas. La historia también engancha pese a ser muy común. Un francotirador se mueve por una ciudad y tiene que acabar con una serie de objetivos. Como siempre empieza con un número muy limitado de armas y munición pero también puede interactuar con cualquier objeto.

El principio de cada misión es divertido, hay que recorrer las zonas intentando pasar inadvertido. Se va totalmente desarmado y hay que localizar el mejor sitio para actuar. También hay la posibilidad de acabar con el objetivo pero recurriendo a las armas que se encuentren.

Este primer objetivo es una responsable de tecnología informática que se emplea para su uso bélico y hay que eliminarla a ella y a su sistema informático. Me encanta el entorno, la cantidad de elementos de IA es increíble. Los vigilantes del edificio, los trabajadores... Me dirijo al parking y me fijo en un operario. Con sigilo me acerco a él y le agarro con fuerza el cuello con mi brazo. Es una lucha denodada por su muerte. En otro videojuegos un simple golpe lo habría dejado inconsciente, en ese se tienen en cuenta todos los elementos: los golpes con los otros coches, los arañazos que ocasiona la lucha, las patadas... todo es lo más cercano a la realidad. Una vez muerto me hago con su ropa y su tarjeta electrónica y dejo su cadáver en el maletero del coche, aunque antes me he tenido que vendar los brazos para que no sangren y me delaten.

Consigo introducirme en el edificio y leo la planta en la que está ella. Los vigilantes no sospechan nada y me dirijo a los ascensores hacia la 12 planta. La ventaja de haber escogido un operario es que nadie se fija en ellos y consigo llegar sin dificultad delante de su despacho. Todas las mesas están ocupadas y es evidente que no podré hacer nada así que opto por esconder al personaje en un baño hasta la hora de salida. Sé que ella será la última en salir.

El tiempo pasa rápido, por suerte, y pronto cesa el ruido de las oficinas y escucho como todos se van, las luces se apagan y reina el silencio. Salgo de mi escondite y al abrir la puerta veo que la luz de su oficina sigue encendida. A mi alrededor no se ven muchas cosas que se puedan emplear como armas: grapadoras, pequeños cortaplumas, abrecartas de plástico,... nada útil. Despacio abro algún cajón y me quedo maravillado en los detalles: fotos, recortes, bolígrafos, piezas de fruta.... esta vez los creadores se han esmerado. En uno de ellos encuentro por fin una navaja que puede valer y me dirijo hacia mi objetivo. Ella está absorta en su ordenador. Al abrir la puerta me pregunta quién soy y le respondo que el de mantenimiento... parece que mi respuesta es la correcta ya que vuelve a abstraerse. Me sitúo cerca de ella y antes de que se de cuenta le clavo con todas las fuerzas la navaja en la cabeza. Se escucha el ruido del filo quebrando el hueso. No contaba con que se pudiera hacer eso pero parece que han previsto todas las opciones.... ella empieza a tener estertores y muere.... Por fin se ve una muerte casi sin sangre. En otros juegos ese hecho se acompañaría con sangre a borbotones, no es que no me guste pero al final cansa. Introduzco el disco con un virus en el ordenador y tras asegurarme que se ha copiado correctamente me voy..... La primera misión ha sido perfecta.

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Este juego me gusta, estoy deseando encontrar algún fallo pero por ahora ha sido perfecto. El tiempo también se aproxima a la realidad, han sido 5 horas seguidas para una misión, de no ser porque estoy especializado supongo que no la hubiera podido realizar. Mañana haré la 2º misión.

viernes, 13 de marzo de 2009

Una nueva vida: 6ª parte

La primera en preguntar era yo pero las preguntas me inundaron sin saber cuál elegir, ¿cómo sabía que ropa tenía puesta?, ¿cómo es que me conocía y desde cuándo?, ¿cómo es que pudo ponerme el ramo de flores y desaparecer tan rápidamente?, ¿cómo es que conocía la ropa que tenía en mi armario?,... un sinfín de preguntas que me habían atormentado desde el día que vi la nota pero de mis labios sólo salió un simple ¿quién eres?

Al principio creí que no me iba a responder. La pregunta debió de sorprenderle pues empezó a mostrarse inquieto hasta que por fin se decidió y eso fue como abrir la caja de Pandora. Me dijo que se llamaba Andrés, que tenía 35 años y se dedicaba al mundo de la informática. Luego empezó a hablarme de como era de joven de los estudios que tenía y de como había pasado su etapa de universitario entre juergas y demás aventuras. Luego me dijo que había estado casado hasta hacia dos años. Me habló de su matrimonio y de lo bien que se lo habían pasado. De todos los sitios que conocía de los que quería conocer. En resumen: me describió quién era de principio a fin una vida normal, excesivamente normal, aunque de esto no me di cuenta en un primer momento.

Me pasé dos horas escuchándolo detenidamente, observándolo, su forma de gesticular, su forma de mirarme, su forma de moverse. Todos los miedos que sentía pasaron a un segundo plano. Era como si su voz me fuera hipnotizando lentamente. La curiosidad por esa persona cobraba más fuerza hasta que entonces me nombró y me preguntó que qué me apetecía en ese momento. ¡Vaya con la preguntita! No le podía decir lo que me apetecía realmente, mejor dicho, lo que le apetecía a mi cuerpo.

No se que fue lo que me hizo tomar esa decisión, si fue el alcohol, el sitio, sus ojos... no lo se. Nada más pronunciar las palabras me arrepentí, pero ya había tomado una decisión. Le dije que fuéramos a mi casa porque lo que me apetecía no lo podíamos hacer allí.

Me miró extrañado, como si no supiera lo que iba a suceder, mejor dicho, lo que yo quería que sucediese. En ese momento se levantó y me dijo: “Gracias por la velada, pero aun no”, y se fue dejándome desencajada. Cuando me repuse de lo que acababa de suceder me marché a casa dolida. Acababan de destrozar lo que yo creía que era imposible, mi autoestima.

jueves, 5 de marzo de 2009

Una nueva vida: 5ª parte

No me dejó hablar más así que hice lo que me recomendó. Él ya había elegido la cena y después de haber leído la carta fue lo mejor, estaban todos los platos en un idioma que dificultaba el saber que podía comer. El primer plato fue una especie de bizcocho de verduras muy suave con un ligero sabor a curry que se deshacía en la boca. De segundo pidió unas berenjenas nuevamente rellenas de verduras y carne y recubiertas con una crema de queso. Pero lo mejor fue el postre, un exquisito pastel de chocolate, moka y mousse de chocolate bañado en licor y con una salsa un poco amarga que no pude identificar. ¡Buff! Y si no es poco durante la comida nos bebimos dos botellas de vino. He de reconocer que disfruté gratamente de la comida tanto que me encontraba embriagada y satisfecha, por lo menos el apetito.

Como había insistido en que estuviésemos los dos en silencio durante la velada, me limité a contemplar como comía y como me miraba. ¡Y como me miraba!, cada vez que mis piernas se movían la abertura del vestido se deslizaba hacía arriba sus ojos me recorrían cada centímetro, como queriendo empujar hasta el final, a sabiendas que no había nada. Entre el calor del vino y el mío propio no lo resistía y me notaba cada vez más impaciente, deseando que nos fuéramos de allí a cualquier parte, mientras él sólo sonreía.

Una vez que nos hubieron recogido las cosas de la mesa se acomodó entre los cojines y saboreó el último trago del licor que tenía. En ese momento su mirada cambió volviéndose más insinuante, o eso notaba. Entre los efluvios del alcohol y su mirada mi cuerpo empezó a arder por dentro. Notaba como me saboreaba al igual que había hecho antes con el licor. Lentamente, estudiándome. Entonces me percaté que el vestido y la posición me habían jugado una mala pasada y me encontraba con las piernas totalmente al descubierto. Lo único que me salvada de la completa desnudez era el juego de luces que unido al pliegue de la tela me tapaba lo justo para dar paso a la imaginación. Y esa sensación me gustaba.

Y fue entonces cuando me invitó a otro juego. El juego de la verdad. Las condiciones eran las siguientes: haríamos preguntas alternas primero yo y después él las cuales se podrían responder o no pero si se respondían siempre tenía que ser con la verdad y si no se respondían el juego y la velada se habrían acabado en ese momento. El límite a las mismas era nuestra imaginación. Y que si quería nunca más volveríamos a vernos. Mi curiosidad era más fuerte que el pequeño timbre de aviso que me sugería que me marchase y accedí sin saber lo que podría pasar.

lunes, 2 de marzo de 2009

Una nueva vida: 4ª parte

Del restaurante me habían llegado referencias por compañeros de trabajo. Era un restaurante oriental que no llevaba abierto más de un año. Mi primera sorpresa fue al entrar. Era un lugar muy acogedor con música ambiental y un perfume a curry en el aire que embriagaba. No había muchas mesas y la mayoría estaban ocupadas. Entonces me di cuenta... si no sabía quién era él ¿cómo reconocerlo? Primero me fije en los comensales buscando una cara conocida en vano. Luego busqué a gente que estuviese sola o expectante y la lista se redujo a 3 mesas: un caballero de unos 60 años en muy mal estado y con una tos bastante desagradable que no intentaba disimular, un chico de unos 25 años que devoraba ansioso panecillos y otro que no distinguía por estar sentado de espaladas a mi pero que aparentaba unos 40 años. Justo cuando me decido a indagar más se me acerca la camarera y me dice que le acompañe que me están esperando. Afortunadamente parecía que nos dirigíamos hacia el caballero de espaldas pero cuando me disponía a ocupar mi lugar veo que mi guía sigue avanzando.

- “Sígame, es por aquí, en la otra ala. Los zapatos puede dejarlos en esos cajetines”

¿La otra ala? Eso era como entrar en un cuento de las mil y una noches. Las mesas de la entrada daban paso a pequeñas mesas que no levantaban más de dos palmos y que se hallaban iluminadas por las velas de unos hermosos candelabros; en lugar de las sillas unos grandes cojines hacían de asiento y respaldo; el sonido de la música de la entrada parecía amortiguado por el murmullo del agua de una cascada.

- “Por aquí” - dijo separando unas grandes gasas que caían desde el techo separaban los reservados. Y entonces lo vi.

Se hallaba recostado de medio lado y nada más escucharnos se levantó. Era evidente que yo no lo reconocía así que lo primero que hice fue un análisis visual de la situación. Era alto y de complexión normal, por suerte para mi parecía que no era ningún fanático de la actividad física y el deporte como mi ex; el pelo trigueño y algo despeinado, como si el peine se hubiese peleado con él y hubiera ganado la batalla; la tez cetrina hacía que resaltase más aun la sonrisa infantil de su rostro al verme, pero lo que más me llamó la atención había sucedido justo antes de que se hubiese levantado, estaba jugando con sus pies. Todos estos pequeños detalles hacían de él un niño grande.

Al darme un beso en la mejilla como saludo noté el aroma de la colonia que llevaba, un olor muy agradable y fresco que junto con la suavidad de sus labios me hizo estremecer. Me invitó a sentarme enfrente a él. Nada más recostarme sobre los cojines la abertura del vestido dejó mis piernas al descubierto y nuestros ojos se cruzaron, desde luego él tenía buen gusto para la ropa. Al preguntarle cómo me conocía se limitó a decir que ya había elegido la comida y que las preguntas ya las respondería más tarde, que mientras me limitase a disfrutar de la velada.

sábado, 28 de febrero de 2009

Una nueva vida: 3ª parte

¿Cómo demonios sabía que llevaba un pijama verde? Esa frase me asustó. Me asustó tanto que me marché de la habitación a cerrar la puerta y me puse a mirar por las ventanas buscando alguna señal de que alguien me estaba viendo pero delante de mi casa solo había un parque que a estas horas sólo lo frecuentaban algún perro o algún drogadicto. Estuve un buen rato observando pero no observé nada fuera de lo normal. Al volver a sentarme frente a la pantalla vi que me había enviado una imagen y que había puesto un simple “te deseo” antes de volver a desaparecer. Abrí el archivo y observé un precioso ramo de flores apoyado ¡en mi puerta! No podía ser. Me acerqué a la entrada, miré por el visor y no vi a nadie pero cuando abrí la puerta un enorme ramo de flores se deslizó delante de mis pies. Al cogerlas vi una nota en la que sólo ponía tres cosas: el nombre de un restaurante y una fecha y una hora. Esto no me podía pasar a mí.

Me pasé toda la semana inquieta, tan inquieta que mis incursiones a la red se redujeron drásticamente. No sabía si estaba preparada para volvérmelo a encontrar. Nada más acabar la jornada laboral me dirigía rápidamente a casa. Tan pronto llegaba cerraba la puerta y todas las persianas. El hecho de que supiera el color de la ropa me hacía sospechar que me estaba vigilando pero no notaba nada ni en la calle ni en ningún sitio. Casi todas las mañanas me despertaba sobresaltada como si alguien hubiera estado en la habitación, aunque se que eran imaginaciones mías. Y llegó el día.
Era un domingo como cualquier otro sin apenas ruido en la calle. Unos leves rayos de sol se vislumbraban por los huecos de la persiana iluminando la pantalla del ordenador. En todos estos días no me había acordado de él. Mientras intentaba quedarme dormida de nuevo escuché un suave ruido en la puerta de la entrada y me levanté alarmada. Sabía que nadie podía abrir la puerta, uno de los hábitos de mi ex era dejar la llave con media vuelta, decía que no había mejor forma de bloquear una puerta, por lo menos a alguien que intentase abrirla desde fuera. Al acercarme observé una carta en el suelo. La cojo y la leo. Aun no había acabado de leerla cuando se me cayó de las manos... ¡me estaba sugiriendo la ropa que me tenía que poner! y lo peor de todo es que parecía conocer mejor que yo mi guardarropa. Me dirijo al teléfono para llamar a alguien para comentarle lo que estaba pasando y me quedo dubitativa, ¿a quién llamo?, ¿quién me creería? y lo peor es que otra cosa me atenazaba aun más ¡la curiosidad!

Así que me dispuse a prepararme siguiendo las instrucciones al pie de la letra: El vestido negro largo con espalda al aire (sólo lo había usado una vez en una boda), pelo secado al aire y recogido de medio lado, zapatos negros de tacón los que tienen un bordado pequeño en forma de mariposa, la gargantilla de oro y brillantes con los pendientes y el anillo a juego... y sin ropa interior.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Una nueva vida: 2ª parte

Un día de esos en los que me encontraba inspirada, ya había conseguido que cinco personas abandonasen el canal entre insultos y malas formas, una persona me llamó en privado y me dijo algo que me llegó a la fibra sensible. No fue por lo que dijo ni por la manera de llamarme la atención, si no por cómo lo dijo. Aun recuerdo sus primeras palabras dirigidas a mi: “Me gustas, pero te equivocas en lo que estás haciendo. Esa que enseña los dientes no eres tú y yo lo sé” luego se marchó sin dejarme decir nada. ¡Qué cretino! ¿Quién coj... se creía que era? ¡y se atrevía a decir que sabía como era yo!. Menos mal que se marchó o lo hubiese echado yo. Su nick ya lo había visto en otras ocasiones pero como muchas personas él era de los que nunca decían nada, me los imaginaba satisfaciéndose mientras leían lo que los demás decíamos lo que nunca nos atreveríamos a decir o hacer de palabra.

Después de ese primer encuentro estuve buscándolo durante unos días infructuosamente. Esa ansiedad por vengarme fue desapareciendo y seguí mi nueva rutina diaria: despertarme, encender el ordenador, ir a trabajar, volver a casa y seguir con el ordenador. Mi vida durante unas semanas giraba en ese mundo creado en mi mente. ¿Cibersexo?, ¿para que negarlo?, alguna que otra vez me encontré lo suficientemente excitada después de haber mantenido conversaciones y después de haber dicho cosas que solo habían existido en mis fantasías, y me masturbé pensando en lo que acabábamos de decirnos en la pantalla un desconocido o desconocida y yo. En el fondo nunca se sabe a quién tenemos al otro lado, tampoco me apetecía comprobarlo.

Cuando todo en mi vida iba bajo control volvió a aparecer ese misterioso nick para darle una vuelta a todo. Una noche, sobre las dos o tres de la mañana, estaba amenizando las conversaciones cuando me abren un privado, uno de tantos, y me dicen: “No te he podido olvidar y pero sigues equivocándote. Esto no es más que una ilusión y ya no necesitas ilusiones.” Al principio no reaccioné pero justo cuando le iba a contestar me dijo algo que me descolocó completamente: “No me digas nada, no hace falta que me ataques. Sé quien eres y como eres y me gustas cada vez más. El verde no te queda bien.”

lunes, 23 de febrero de 2009

Una nueva vida: 1ª parte

Hace días que no lo veo y la situación se me hace cada vez más insoportable...

Cada vez que oigo el motor de un coche mi cuerpo se estremece y pienso que es el que sube a verme. Mi sexo se humedece de solo pensarlo...

Si alguien me hubiese dicho hace unos meses que yo iba a estar así me hubiera reído en la cara de la persona. Es increíble lo rápido que cambiamos. Esto empezó..., realmente no se cuando empezó ni cuando me vi envuelta en esta vorágine de deseo. Mi vida era totalmente normal, rutinaria y previsible, como la de todo el mundo: casa-trabajo, trabajo-casa y en casa: ¡más trabajo! Quién dijo que las mujeres lo tenemos más fácil que los hombres desde luego no es una mujer.

Mi matrimonio era, y digo “era”, como cualquier matrimonio con altibajos, aunque desde hace unos años los bajos ganaban a los altos. También en el matrimonio se había instaurado la rutina y la única vez que intentamos salir de ella comenzó la muerte del mismo, aunque de esto prefiero no hablar.

A lo que iba, dentro de toda esta rutina la única vía de escape que teníamos era el ordenador y hasta por él discutíamos aunque al final todo se solucionó comprando otro, para él. Y con ese mundo de ilusión nuestra relación acabó muriendo mientras se nos habría otra puerta a los dos.

El primer paso, mejor dicho, la primera patada la dio él: había encontrado a una chica, más joven, más guapa y quería estar con ella. Así que con un simple “me voy” cogió sus maletas y me dejó plantada. Eso sí, me dijo que me había querido mucho, que no me dejaba por otra y que lo nuestro no podía seguir. ¿Por qué los hombres son tan cobardes? Aunque le agradezco que lo hiciera él. Yo no me habría atrevido.

Los primeros días andaba como una zombi sin saber que hacer, que decir. Mi vida, la que conocía y dominaba, se había desmoronado, así que me dediqué a navegar sin rumbo. Lo de navegar es en el sentido literal de la palabra, cada vez que llegaba a casa lo primero que hacía era encender el ordenador y me pasaba horas delante de la pantalla. Me hice una experta de los chats. Un mundo de ilusión se abrió delante de mis ojos. Podía ser quién yo quisiera y eso hice, me transformé en una loba ansiosa de desesperación y con ganas de humillar a todo el mundo. ¡Que tonta era!

martes, 10 de febrero de 2009

En la playa

Nuevamente la ola besa la arena. El ruido del agua introduciéndose por los resquicios me invita a tumbarme y disfrutar de su sonido. A la gente le encanta el rumor de las olas, pero pienso que ese sonido del agua filtrándose por la arena similar a un siseo es mucho más sugerente, más íntimo. Me tumbo con los brazos tras la cabeza y contemplo las estrellas mientras sigo esperando.

El tiempo siempre avanza despacio cuando se espera a alguien, pero yo soy de los que le encantan aprovechar esos instantes para sumirme en mis pensamientos. Una ola más que bebe la arena y yo empiezo a dibujar extrañas figuras en el firmamento enlazando estrellas al azar.

El crujido de unos pasos enterrándose en la arena me sacan de mi ensimismamiento e incorporo la cabeza para ver si me espera ha llegado a su fin. Pero observo a una pareja paseando mientras se hace arrumacos. La noche y la playa son un conjunto perfecto para el amor, la pena es que ya no creo que el amor exista.

Con un suspiro vuelvo a tumbarme mientras dibujo en el aire una silueta de mujer. La figura femenina siempre me cautivó. Llegué a obsesionarme con ella, hasta el punto de llenar cuadernos de bocetos femeninos. Cualquiera que los viera me tildaría de obseso, pero nada más lejos de la realidad. Yo adoro la simetría de las curvas, la atracción que tiene sobre la raza humana y no sólo desde un punto de vista sexual. También es cierto que en los dibujantes eróticos se observa el control de la silueta. Está claro que exageran mucho, pero algunos hacen en cada viñeta auténticas obras de arte.

Otros crujidos, esta vez son de una persona sólo. Incluso podría asegurar que o son de mujer o de un chaval joven pues no tienen la firmeza de los hombres. Alzo la cabeza y la veo. Sé que es ella. Reconocería su contorno entre un millón. Mil veces la dibujé y un millón de veces la imaginé viniendo hacia mí, como ahora. Levanto la mano y al ver su gesto recíproco comprendo que me ha visto. En ese momento el sonido del mar desaparece para mí.

- Lo siento, no pude venir antes.- Me dice disculpándose.
- No te preocupes, túmbate a mi lado. - Le digo mientras extiendo mi cazadora para que no se manche con la arena.
- No, de verdad, vayámonos de aquí. Si alguien nos viera...... - Me dice mirándome recelosamente
- Si alguien nos viera no sabría quienes somos. No hay luna y aquí casi no hay luz. No te preocupes y siéntate... por favor.

Ella accede a regañadientes y se sienta a mi lado mientras yo vuelvo a tumbarme. Intento dejar que esa se tranquilice y que su respiración deje de estar tan agitada, necesita calmarse.

- Escucha el mar.- Le digo sin mirarla.
- ¿Cómo?
- Que escuches el mar un rato, me lo debes por llegar tarde. - Le digo apelando a sus ganas de disculparse.

Transcurren varios minutos y, cuando yo finalizo una vez más la situela que tantas veces me imaginé sobre las estrellas, me incorporo y hablo.

- ¿Por qué lo has hecho?
- Yo.... es que..... necesitaba.....Tenía que verte, que hablar contigo. - Me dice con unos ojos vidriosos que reflejan la poca luz que nos llega de lo lejos.
- Eso ya lo sé, me refiero que por qué no has acudido a la policía.
- Es que si lo hago y se entera .... me mata. Tengo mucho miedo y sólo puedo confiar en ti. Él nunca pensaría nada malo de ti, se cree que no eres más que otro desviado que le gusta relacionarse con mujeres para ocultarse.
- ¡Jajaja! es la primera vez que en esas palabras noto un halago. Pero cuéntame que hico esta vez ese.... desgraciado.
- Me.... me pegó..... - su voz se quebró y la dejé llorar mientras hundía su cabeza en mis hombros.
- Tranquila. Relájate y tranquilízate. Ya haremos algo pero antes cuéntame todo.
- Estábamos en casa y le estaba preparando la cena. Entonces le entró un mensaje en el móvil. Como lo tenía en la habitación y él estaba en el salón fui a buscárselo, pues él no lo había escuchado, y al cogerlo... - Nuevamente empezó a llorar.
- Lo siento. - me dice mientras busca en el bolso un pañuelo de papel para limpiarse las lágrimas. - Cuando lo levanté vi parte del texto sobre la pantalla, era de otra. Le decía que quería volverse la a.....

En ese instante su cuerpo se retorció en arcadas y apartándose vomitó todo sobre la arena. Con cada convulsión me hacía doler el corazón aun más. Yo sólo me limité a incorporarme y a aguantarle la frente con mis manos como nos hacían las madres cuando éramos pequeños. Ella necesitaba liberar todo el veneno que guardaba su interior.

- Ya está, perdona, pero es que no me puedo contener.... Nunca pensé que me fuera a hacer esto..... le quería......
- ¿Y que te dijo él? - Le pregunté cuando empezó a calmarse.
- Al principio se sorprendió y me negó que el mensaje fuera para él. Pero cuando insistí en que me diese el móvil para comprobar quién se lo había enviado se puso como un energúmeno. Yo gritaba que me diera el teléfono y entonces fue cuando me dio el primer tortazo. Al principio me quedé quieta, herida. Pero cuando me di cuenta de lo que acababa de hacer salte hacia él como una loca....
- Normal, yo hubiera hecho lo mismo.
- Pero él siguió. Primero en la cara. el tortazo fue tan fuerte que me tumbó contra el suelo, y luego llegaron las patadas mientras me recriminaba que si estaba con otras era por mi culpa. Que yo no sabía hacer nada y que se había cansado de mí. Que era fea, tonta... y que merecía la muerte..... ¿y sabes lo peor?
- No, ¿que es lo peor?
- Que le estaba creyendo y que me quería morir.
- ¿Y qué hiciste?
- Cuando se cansó de pegarme se marchó de casa y te llamé. Este fue el primer sitio que me vino a la mente pues aquí fue donde habíamos estado aquella vez....y no quería que me vieses magullada.

En ese momento levanté la mano y le toqué la cara. Su primera reacción fue apartarse pero luego me dejó que la acariciase. Que la viera con mi tacto y que odiara cada bulto que deformaba su rostro, cada gemido que contenía cuando presionaba un poco más.... Si no estuviera ella ahí me abría levantado en ese momento y hubiera ido a buscar al animal que le hizo eso para matarlo como bestia que era. Pero no lo hice, Nuevamente la atraje hacia mí y le besé con cuidado la frente.

Estuvimos en silencio y el susurro del mar en la arena volvió a escucharse. Ella lo perdonaría y seguramente acabaría siendo un número más en una lista manchada con sangre... pero que podía hacer yo si no callar el secreto de él.... yo sabía que no había otra mujer, porque yo también lo quería.