viernes, 17 de julio de 2009

El médico: 9ª parte

El olor de la habitación era sofocante, entre el hedor a restos de fluidos y el de las heces acumuladas en una esquina que, seguramente por vagancia, Clarice se olvidaba de vaciar. Pese a ellos se distinguía perfectamente el olor dulzón de la sangre. Con miedo a alterar el escenario entré en la habitación para proseguir con mi análisis mental. Despacio, procurando no pisar las huellas ni la sangre, bordeé el colchón otrora blanco, y me enfrenté a ella. Agarrando con cuidado la punta de la sábana destapé con cuidado el cuerpo de Clarice. En ese momento escuché como el Sr. Lusk no aguantaba más y, antes de que yo le viese en una situación comprometida, me dijo que bajaba a esperar a los gendarmes. Mientras yo agradecí la soledad que me brindaba.

Tomé un bloc de notas que tenía en la chaqueta y empecé a pormenorizar todo como si de un forense me tratase. Clarice estaba tumbada boca arriba con la mirada vidriosa, la nariz estaba anormalmente desplazada y uno de los ojos hinchado, lo que me hacía suponer que se defendió como buenamente pudo, seguramente fueron esos golpes lo que la tumbaron y que una vez en el suelo el asesino se ensañó con ella. Su cuerpo apenas estaba tapado con un camisón y se apreciaban no menos de 20 puñaladas por todo el torso. Las vísceras no habían llegado a brotar pese a un corte de unas 9 pulgadas en su abdomen. El cuello había sido abierto literalmente y en una de sus manos faltaban 3 dedos.

Mirando alrededor pude observar que estaban apenas a 4 pasos de donde cayó. Tal como estaban las cosas movidas todo había sucedido de este lado de la habitación.

- ¿Dr. Johnson? – me inquirió una voz desconocida.
- Sí. – le respondí mientras me levantaba con cuidado. - ¿Quién me llama?
- Soy el comisario Grieve de Scotland Yard, me hallaba en la comisaría de Whitechapel cuando me informaron de este suceso y acompañé a los hombres hasta acá. El presidente del comité de vigilancia me informó que estaba usted acá haciendo la valoración previa.
- Sí. – reconocí mientras notaba como un calor invadía mi cuerpo. – Estaba realizando un análisis previo del cadáver y del lugar de los hechos.
- Siempre pensé que alguien con conocimientos médicos era necesario en el cuerpo. Menos leyes y más cultura, usted ya me entiende. – Comentó mientras se dirigía hacia mí por la misma ruta que empleé yo con anterioridad. – Veamos, deme su opinión sobre lo que acaba de ver.

Le realicé un relato lo más pormenorizado posible al mismo tiempo que le comentaba mis impresiones sobre el asesino. El hecho de que la habitación sólo estuviera revuelta en parte, lo de la cara y que le faltasen tres dedos de una mano, hacían suponer que el asesino era alguien conocido para Clarice, y que ella se sorprendió con el ataque, lo que hizo que intentase defenderse. Seguramente el agresor debía de tener muestras de violencia en la cara o en el cuerpo debido a que ella era una mujer fuerte.

- Mis felicitaciones, doctor, ojalá mis subalternos tuvieran ese ojo clínico. Pero creo que se le escapan un par de detalles. En esta habitación había dos personas.
- ¿Dos personas? – pregunté mientras buscaba algo que se me hubiera pasado por alto.
- Sí. Una, la que cometió el asesinato, y otra, que observó todo desde aquella silla. - Dijo señalando una silla que estaba a la izquierda de la puerta y que apuntaba en dirección a nosotros.
- Pero, ¿por qué afirma eso?
- Fíjese en la marca de las patas en el suelo. Gracias a la poca higiene domestica de esta mujer podemos observar las marcas de la silla en el suelo y como se dibuja un pequeño camino de polvo hacia atrás, como cuando alguien se levanta sin evitar que arrastre.
- Es verdad. – Afirmé tras comprobar como efectivamente había esas marcas en el suelo. – Me parece que su nivel de observación es muy superior al mío.
- No crea, sólo está un poco más entrenado. Bueno, procedamos a buscar al culpable.
- Pero… ¿ya saben quién fue?
- Tenemos un posible candidato, pero esa información no puedo compartirla, me comprenderá.
- Por supuesto.
- Bueno, si me acompaña hasta abajo podemos seguir debatiendo mientras mando que suba alguien a limpiar esto y que lleven a esta mujer a un lugar donde pueda descansar en paz.

Una vez en la calle Annie se acercó a mí preguntando sobre qué había pasado. Intentando que el comisario no se diese cuenta le dije que en cuanto volviera le explicaría con más detalle. Ella asintió y llamando a sus chicas procedieron a ir abandonando poco a poco el lugar tras hablar con unos agentes y deslizar algo en uno de los bolsillos, se aseguró de que el cuerpo de Clarice fuera tratada como una dama se merece.

Al cabo de una hora yo también me marché a mi domicilio para asearme y cambiarme la ropa mientras ponía en orden mis ideas y rezaba por que lo de hoy fuera sólo un caso aislado.

2 comentarios:

A Lareira Máxica dijo...

Moi bo relato. Noraboa. E mira a min que non me gustan os hospitais, pero esta serie de relatos gústame.

Un saúdo, Alb.

P.D.: Cal é o teu mail, por certo?
Un saludo para Coruña

Julio Torres

mar dijo...

Hacia tiempo que no me pasaba por tu mundo, aunque veo que nada ha cambiado, tus textos siguen enganchando como siempre, tus frases me enamoran y sigue intacto ese halo que se respira que te invita a volver...
Espero perdonas mi gran ausencia pero nunca me olvide de tus escritos.
Un besito y una estrella.
Mar