lunes, 9 de febrero de 2009

El examen

La noche es el momento perfecto para estudiar. El silencio hace que las distracciones sean menores. La tranquilidad y la calma se adueñan de la ciudad. Si me concentro un poco puedo escuchar el ritmo intermitente de las respiraciones que hay en casa. Está claro que el único momento para conseguir encontrar la paz en una casa con gente es por la noche.

En el comedor enciendo la suave luz de la lámpara y preparo todo para dar el último repaso antes del examen. Todo el año preparando este momento y por fin en unas horas habrá acabado todo. Sé que es injusto jugárselo todo a una carta pero es como está establecido. Me hubiera gustado más que no existieran los exámenes y que para encontrar trabajo valoraran otras cosas como la capacitación profesional, el rendimiento y la actitud para aprender y prosperar. Si para entrar en la administración te juzgaran por el rendimiento laboral en tres meses en vez de por un examen el estado realmente funcionaría y no habría tantos incompetentes que sí han aprobado un examen y no han hecho nada más en su vida.

¡Qué poco me gustan los exámenes! Me he pasado toda la vida con el terror al folio en blanco. Por muy bien que me supiese una asignatura siempre me pasaba lo mismo. La mente se me ponía en blanco y me bloqueaba totalmente. He tenido que hacer muchas recuperaciones por culpa de ese miedo pese a ser de los que mejor tenían preparadas las materias. Pese a mi gran poder de concentración no era capaz de vencer ese miedo. Hoy en día me pasa algo parecido pero mi facilidad para distraerme ha ido en aumento. Hasta ese leve rechinar de los muelles de los colchones que estoy escuchando me molesta. Sé que tengo todo preparado y que lo único que estoy haciendo a estas horas es perder las necesarias horas de sueño pero mi nerviosismo no me permitía dormir más. Pese a estar fomentando mi inseguridad necesito leer todo una vez más.

Mi madre siempre me dijo que era un estudiante trabajador y un fracaso como trabajador. Con esta oposición voy a hacer que las cosas cambien. No es que me moleste estar en casa de mis padres con 30 años pero ya no soporto más la presión a la que me someten tanto ellos como mi hermana. La perfecta hermana con la vida perfecta y el matrimonio perfecto, hasta que su marido decidió buscar otra mujer más joven y perfecta. Mucho me reí cuando ella volvió a casa lamentando que su marido le había abandonado por una niña de 19 años. No es que me alegre de sus desgracias pero es que nunca dejaron de reprocharme sus éxitos pese a ser una alumna mediocre. Ella siempre consiguió todo y eso me remordía por dentro. Yo estaba mucho más preparado y eso nadie lo entendía.

Siempre he tenido mala suerte en esta vida. Nunca me he encontrado unos jefes que me valorasen por lo que era. Normalmente eran unos incompetentes iletrados incapaces de llevar una conversación sin repetir más de dos veces una palabra. El último trabajo fue la gota que colmó el vaso para mi paciencia. Tenía que hacer llamadas estúpidas a personas estúpidas que estaban en sus casas para venderles cosas estúpidas que no necesitaban. Sé que no me despidieron por mi rendimiento, yo era el mejor vendedor de su estúpida plantilla, pero alegaron que tenían multitud de quejas por los clientes por la forma en que los trataba. Todo eso me lo olvidaré mañana. A estas horas estaré celebrando mi ingreso como funcionario.

Es increíble lo fuerte que suena la respiración de mis padres. Ese ruido repugnante se me mete en la cabeza y me atormenta. No puedo concentrarme. Está claro que hoy todos se han puesto en contra para que no mejore. No se percatan que si apruebo me iré y les dejaré en paz con sus miserias. Y mi hermana no para de carraspear, ya le había avisado que no podía ir por la calle casi sin ropa. Lo hizo porque sabía que yo iba a estudiar y así no podría concentrarme. Los odio, los odio a todos, creo que voy a tener que silenciarlos...


Ahora todo está mejor. Todo en silencio. Sólo se enteró la desgraciada de mi madre pero duró poco. Me gusta la tranquilidad que hay en casa, aunque ahora escucho a la vecina de arriba alterada como llama por teléfono. Y a otros vecinos abrir las puertas y salir al pasillo. Está claro que no quieren que vaya a hacer el examen mañana. Voy a tener que convencerles a todos que me dejen en paz. Necesito calma.

martes, 3 de febrero de 2009

Atado en la cama

Lentamente pasa la soga por mis manos y tira hacia atrás tensando mis brazos, mientras yo la contemplo concentrada. La presión de sus piernas sobre mi cuerpo aumenta mientras ella comprueba concienzudamente los nudos. Su olor me embriaga me excita. Una vez que se asegura de que no me podré escapar se descabalga y empieza a atarme por los pies. Cuando acaba, mi cuerpo se haya en tensión, y una sonrisa aparece en sus labios.

La veo acercarse al armario, saca de él una sábana y algo parecido a una bufanda que desliza por su cuello. Su cuerpo semidesnudo se mueve en torno a mí. Y suena el timbre de la puerta. Se me acerca nuevamente, dobla lo que tiene entre las manos hasta formar una mordaza con la que tapa mi boca. Otra vez llaman a la puerta. Coge la bufanda y la deja caer sobre mis ojos mientras la escucho salir de la habitación. Espero que se tape o cuando abra la puerta alguien se asustará. La gente tiende a ser de lo más inoportuna.

Quisiera preguntarle por quién llamó pero no puedo hablar y me limito a escuchar.

Al cabo de un rato la puerta se cierra. Mi piel ha empezado a erizarse por el frío, puedo percibirla. Me concentro para intentar escuchar sus pasos descalzos sobre el parqué y me sorprendo al notar otras pisadas.

Me asusto e intento soltarme, escupir lo que me tapa la boca. ¡Quiero ver quién ha entrado en la habitación! Me la imagino tapándose la boca y señalándome para que esa persona no hable. Empiezo a agitarme y a tirar con fuerza de las sogas. Me estoy haciendo daño. La cuerda hiere mi carne pero estoy bien sujeto. Ella hizo un buen trabajo y lo único que consigo es bambolear la cama.

Noto como una mano se apoya sobre mi pecho y me sujeta con fuerza. No es ella. ¡Por favor! ¿Qué está sucediendo? Están poniéndome algo en la cara. La aparto con fuerza pero me la sujetan y me tapan la nariz. Quieren matarme pienso antes de perder el conocimiento.(...)


(...) Empiezo a recuperar la conciencia. Mi cuerpo está completamente inmóvil. Intento mover los dedos pero no parecen responderme. En el aire hay un olor dulzón que me resulta conocido. No puedo abrir los ojos por mucho que lo intente e intento concentrarme en el resto de sensaciones. Entonces escucho como algo se rasga y tira de mi interior con fuerza. ¿Qué están haciendo?

- Bueno, ya sólo queda el corazón. Creo que esta vez todo ha salido perfecto. – dice una voz masculina.
- Era un candidato perfecto. ¿Cómo lo ha conseguido? – Dice una segunda voz.
- ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Eso se lo debemos a nuestra chica de los recados. Todo es cuestión del precio. Enfermera, aspire bien ahí.
- Bueno, todo ha salido perfectamente. Ya no se puede aprovechar nada más. – dice mientras sitúa el corazón en un recipiente isotérmico.
- ¿Y que hacemos con el resto?
- Bueno, lo de costumbre. Un poco de carne para los perros y el resto a incinerar. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja!
- Venga, vamos a cenar que esta vez pagan los ricos.

miércoles, 28 de enero de 2009

El aniversario

Los días se acortan cada vez más, es como si las horas minutos y los minutos fuesen segundos. Las semanas son imperceptibles y una estación empieza casi sin haber acabado la otra. El tiempo se ha aliado en contra mía y no puedo hacer nada para evitar ese inexorable avanzar.

Esto me recuerda a la infancia cuando el tiempo no era más que un suspiro y el verano era la época más corta del año, o eso creíamos. La felicidad es lo que hace con el tiempo, lo acorta. Con los años descubres que una forma de hacer que el tiempo se alargue es con el sufrimiento. Todavía me acuerdo de mi primera ciática. Las horas se me hacían interminables y el hecho de dar un simple paso, eterno. Pero me gustaría poder sentir otra vez esa sensación de eternidad y no esta lucha denodada contra el reloj.

Cuando alguien me decía que el problema del insomnio era el reloj yo me reía de él, pero eso era antes. Ahora soy capaz de imaginarme a esa persona insomne intentando que el tiempo avance más deprisa y al que cada segundo se le transforma en un suplicio por no poder dormir. Mas lo mío es exactamente al contrario. Quisiera sentir esa sensación y que el tiempo se detuviese, pero no como lo detienen los enamorados. Ellos paran el transcurrir del tiempo con unos segundos de pasión. El tiempo no transcurre mientras están juntos y cuando se dan cuenta las horas han pasado pero no les importa porque su existencia en esa fracción fue inmensa; vivieron unas vidas plenas en pocas horas y sus almas nacieron, vivieron y una vez muertas volvieron a renacer. Quisiera poder sentir esa sensación aunque sólo fuera una vez en la vida pero no va a poder ser, ya no.

Hace un año pensaba que 365 días eran mucho tiempo y ahora sé que eso no es más que una mísera fracción que se agota sin darse cuenta. Un día me puse a calcular cuanto sería eso en fracciones de tiempo menores 8.760 horas o 525.600 minutos o 31.536.000 segundos una barbaridad de tiempo que se escapa y que no permiten cambiar una vida si uno se empeña en no cambiarla. Quise escapar pero por mucho que lo intentara siempre acababa en el mismo sitio y muy dolorido. Un día intenté suicidarme pero justo cuando uno se empeña en morir los hados se empeñan en que eso no suceda. Más tarde intenté razonar y afrontar la situación pero según iban muriendo me daba cuenta que no podía hacer otra cosa más que esperar el desenlace final.

Por mucho que intenté dar marcha atrás no podía. Una y otra vez me imaginé en el coche y que justo cuando ella aparecía yo la esquivaba magistralmente; otras veces me vi frenando y deteniéndome a escasos centímetros de su cuerpo mientras ella me lanzaba una mirada indiferente; hasta me imaginé haciendo el camino andando para poder contemplar el paisaje mejor. Pero nada de eso sucedió. Alguna noche me desperté empapado en sudor recordando el crujir de sus huesos contra mi coche, y viéndola aterrizar por el espejo retrovisor mientras me escapaba. Recuerdo su cara destrozada y su cuerpo en una postura antinatural en el informativo del mediodía. Aun conservo la foto que apareció al día siguiente con toda la familia de la niña alrededor del cadáver. El día que mi vida pasó a ser una carrera contra el tiempo. Como toda la gente que huye pensaba que nadie me podría haber reconocido y casi tuve suerte.

Esa noche antes de abrir la puerta de casa la volví a ver. Las llaves y la cartera que llevaba en las manos se me cayeron cuando al sentir una mano sobre mi hombro me giré y vi su cara. “Todos moriréis” fueron sus palabras antes de desaparecer. A principio pensé que había sido una mala jugada de mi imaginación pero al cabo de una semana estaba enterrando a mi hijo pequeño, muerto al haberse caído por las escaleras. No le di ninguna importancia ni siquiera lo relacioné con mi “accidente” pero al mes siguiente volvía estar enterrando a la hija que me quedaba muerta al ser arrollada por un camión cuando iba en moto. La culpa había sido de ella pero el dolor que yo sentí al recibir esta segunda puñalada en el corazón me hizo recordar que posiblemente yo la había matado también a ella. Mi mujer se suicidó esa misma semana dejándome como única pieza de lo que antes era una familia feliz. En los siguientes meses perdí en otro accidente de coche a mi hermano y su familia. Mis padres murieron de infarto y pasé a ser hijo único y huérfano en poco más de tres meses. Hasta los peces que tenía en casa se murieron por un fallo eléctrico. Estaba tan desesperado que cuando me tiré por la ventana para que todo acabara ella se me volvió a aparecer y me dijo que “todavía no” y me desperté en el hospital con una pierna rota y una acusación de homicidio involuntario. Había matado a una persona al caer y yo seguía vivo.

Ahora sólo rezo para que todo acabe pronto. Estoy en mi habitación en un piso 8º y apenas quedan unos segundos para que todo suceda. Ya escucho el coche en la otra habitación acelerando y acercándose a mí. Sé que es imposible de que eso pueda suceder pero ahora yo ya creo en todo. Ella abre la puerta y se ríe. Voy a morir atropellado por mi coche en mi propia habitación, pero lo deseo.

lunes, 26 de enero de 2009

Feliz: 4ª parte

Lentamente me acaricia mientras él la besa. Sus ojos brillan mientras yo juego con su cuerpo. Los dos gimen a la vez mientras sus manos finalizan en mi pequeño corazón del placer lo que han empezado, y la veo llorar de felicidad. (…)

Hace ya meses que lo tengo en mente. No se me ocurre a nadie más indicada. La veo todos los días y la confianza que tengo en ella es lo que me hace decidirme. Sé que ella es la única que me comprende y que sólo con ella me encontraría segura.

Cuando se lo planteé se quedó muda y cuando reaccionó me dijo que se lo pensaría. Pasaron los días y al cabo de una semana me dijo que sí. Me hizo tan feliz que casi la beso. (…)

Hoy es el día. Estoy tan nerviosa que no se que decirle cuando ella llega. Él todavía no sabe nada de lo que le espera. Entre las dos planeamos la situación y como haremos. No sé quién de las dos está más nerviosa.

Sé que era una de sus fantasías. Después de tantos años hablándolo creo que se lo merece, además, lo quiero tanto y me hace tan feliz que no me importa sacrificarme por él. Además, ella es perfecta. (…)

Cuando llegó le recibí con el corpiño que le gusta. Eso ya encendió en él la pasión que deseaba. Entre arrumacos y besos le fui desabrochando la ropa y lo llevé hacia la habitación. Todo estaba a oscuras, pero es nuestra casa, sabemos donde está todo.

Lo arrojé sobre la cama y le dije que hoy sus sueños se cumplirían. Entonces ella encendió la luz y su cuerpo desnudo se iluminó. Su primera reacción fue la de taparse pero le dije que no se preocupara, que ella estaba de acuerdo y que se dejara llevar. Todo fue perfecto.

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Cuando me lo dijo no supe que responder. Una cosa es ser su amiga otra participar en sus deseos de alcoba. Le dije que lo pensaría.

Esa noche no pude dormir. No sabía si estaba dolida, ofendida o siendo utilizada en un juego cruel, para mí.

Al día siguiente no fui a trabajar y al mediodía me llamó preguntándome si era por su culpa. ¡Claro que era por su culpa! Yo la quería a ella, no a él.

Estuve buscando mil excusas pero por cada una siempre me aparecía la misma respuesta: estaría con ella. Cuando la volví a ver le dije que sí.

Ella estaba tan enamorada de él que creía que con eso afianzaría más su relación. Los siguientes días estuvimos planificando todo. Lo que haríamos, lo que le haríamos… mientras yo pensaba en lo que nos haríamos nosotras. Tenía tantas ganas de probar sus labios.

Y llegó el día. Al principio pensamos en que yo llamase a la puerta mientras ella preparaba la situación, pero al final optamos por que yo apareciera en la habitación cuando todo estuviese ya caliente.

Antes de encender la luz me temblaba todo. Estaba más nerviosa que el mi primera vez. Luego se hizo la luz y los vi. Ella estaba semidesnuda a su lado. Era como en mis sueños, aunque sobraba él.

Empezamos a jugar las dos con él y nos dejamos ir. Todo era dulce, lento, suave. Su boca era mejor de lo que me imaginaba y… me sentí feliz.

jueves, 22 de enero de 2009

Feliz: 3ª parte

Hoy ha estado con él. Emana tanta felicidad por sus poros que me duele. Cruza la oficina saludando a todo el mundo. Se sienta a mi lado y me susurra que ya me contará después que ha pasado mientras me guiña un ojo. Yo me hundo en la pantalla del ordenador intentando que el tiempo pase lo más rápido posible.

Días como hoy agradezco que el trabajo no de ni un segundo de descanso. Las llamadas continuas de clientes a duras penas nos permiten parar para estirarnos o pensar. Pese a todo ella no para de canturrear, la odio,… lo odio,… los odio.

Ya sé que ella nunca se ha fijado en mí y que yo no soy más que una compañera que se sienta a su lado. Una amiga que la escucha, que ha limpiado sus lágrimas, que se ha reído con sus anécdotas: una amiga perfecta. Pero no quiero serlo. Yo quería que ella alguna vez se diera cuenta de que yo quiero algo más que unas risas. Quiero sentir sus brazos en torno a mi cuerpo. Quiero…

No aguanto más. Me levanto y le digo que atienda el teléfono por mí un rato. Manteniendo la compostura me dirijo al baño y tras asegurarme de que estoy sola lloro. Las lágrimas salen de dentro de mí, salen de un corazón que jamás sabrá que es estar a su lado. Cada vez que pienso en ella me lo imagino con él y lloro con más fuerza. Ella lo adora, lo quiere… y ni siquiera sabe lo que yo siento.

Quisiera morirme en ese instante pero suspiro con fuerza, salgo a lavarme la cara y retocar el maquillaje. Compruebo que todo está perfecto y vuelvo hacia mi puesto. Mientras camino por el pasillo la veo tan feliz que me consuelo al pensar que ella al menos puede disfrutar.

Me siento y respiro su perfume. Hay días en que una no quisiera que la gente estuviera enamorada, pienso mientras sigo trabajando.

miércoles, 21 de enero de 2009

Feliz: 2ª parte

Su mano entra lentamente dentro de mí. Un dedo, dos… tres… con un ligero espasmo se los aprieto mientras gimo. Su boca recorre mi pecho mientras yo agarro con fuerza su cabeza. Quiero más, quiero todo…

Noto como se levanta y se arregla mientras yo me hago la dormida. Intenta no hacer ruido pero pese a todo podría describir con exactitud que está haciendo. Cuando acaba se acerca a mí y con suavidad me besa en la frente. Se marcha despacio y cierra la puerta de la calle.

Agarro con fuerza la almohada y recuerdo los últimos instantes con él mientras huelo su rastro. De nuevo me estremezco con la imagen de él sobre mí. Me encantaría no tener que ir a trabajar y mientras me ducho deseo que llegue otra vez la noche.

martes, 20 de enero de 2009

Feliz: 1ª Parte

Salgo a la calle con una sonrisa en mi cara. Me encanta disfrutar de cada instante, de cada momento. Siempre he pensado que es importante demostrar la felicidad que uno siente y enseñarla al mundo. Avanzo observando a los viandantes con sus tristes rostros. Sólo los niños tienen el semblante rebosante de alegría. Parece como si la amargura nos fuese invadiendo según crecemos.

Saludo a una mujer que se cruza conmigo y en ella aparece un gesto de extrañeza y acto seguido una sonrisa de complicidad devolviéndome el saludo. Mientras sigue avanzando por la acera la observo andar. Me gusta contemplar a la gente como se mueve, como anda, como se relaciona. Alguna vez me he sentado en un banco de los que hay por la mayoría de las calles peatonales simplemente para observar a la gente.

Las mañanas se llenan de vida y las calles están llenas de mujeres de media edad y ancianos que aprovechan para ir de compras y hacer recados; un sinfín de repartidores y comerciales que van de un comercio a otro como abejas buscando la mejor flor; escolares que decidieron disfrutar de la mañana y no de las clases; niñeras y abuelas paseando a los infantes en sus cochecitos… es un mar de caras que navegan solitarias. Y pocos sonríen.

Me dirijo hacia el coche mientras disfruto de los rayos de Sol que asoman tras las casas. Al cerrar la puerta me estremezco con el calor que hay en el interior antes de arrancar el motor. Dicen que lo importante para ser feliz es el disfrutar de las pequeñas cosas y esta es una de esas. Acerco mi mano a la cara y aun percibo el olor de ella en mi piel. Mi boca se hace agua cuando me imagino saboreándola una vez más.

jueves, 15 de enero de 2009

Calor

Hace calor. Tal vez demasiado como para pensar en nada o en concentrarse. Por mucho que lo intente los ojos se me cierran. No soy capaz de hacer nada, mi cuerpo quiere rendirse al fin. Poco a poco me recuesto sobre los brazos y me dejo ir.

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Nunca he pretendido ser quién no soy, tal vez por eso la verdad es algo que ha primado siempre para mí. Es evidente, que la verdad es algo peligroso pues casi nadie quiere decirla y menos aun oírla. Puede que ese sea uno de los motivos para que mi núcleo de amistades sea tan reducido. Si invitase a todos mis amigos a una cena cabríamos en una mesa normal de cualquier cafetería. Ellos me conocen y, con el tiempo, han acabado por permitirme mis excentricidades y mi forma de ser. Tal vez por eso lo necesito tanto, para recordarme que en el mundo aun hay gente a la que le importo.

Alguna gente me calificaría de egoísta por eso, pero me da igual. La gente no es necesaria. Entendámonos. Con la palabra “gente” me refiero a todas aquellas personas que no están dentro de mi entorno familiar o afectivo. Esas caras anónimas que vemos cada día, o, incluso, todas esas que vemos a diario por las escaleras, en los centros de estudio o en el trabajo. Esas personas sólo hacen que nuestro mundo sea más amplio pero no tienen el suficiente poder como para influir en nuestras vidas. Bueno, podemos llegar a pensar que los profesores, los jefes o los compañeros sí influyen, pero nos mentimos. Si mañana mismo desaparecieran no nos importaría tanto como si se nos muriera nuestra mascota. Por eso algunas cosas duelen tanto.

Yo nunca soporté el engaño y la mentira y creía que mis amistades nunca me iban a fallar. Que equivocado estaba. Primero fue ella. Poco a poco se fue distanciando. Está claro que yo no soy un experto en entender a las mujeres o me habría dado de cuenta de las señales. Parte de la culpa también era mía, por eso mismo no luché. La dejé irse sin más. Un día estaba feliz con ella y al día siguiente no me quedaba de ella más que un espacio en los armarios y los cajones y un montón de fotos que tiré sin mirar.

Necesitaba hablar y llamé a mis amigos. Miento, llamé a casa de mi amigo. Necesitaba decirle que todo se había desmoronado y que mi vida estaba vacía. Que yo la seguía queriendo y que necesitaba que me alentase para volver a conquistarla, pero no pudo ser. Ella me cogió el teléfono y colgué sin articular palabra. También lo había perdido a él.

Miré a mi alrededor buscando una solución, buscando cualquier cosa, pero estaba sólo. Mi vida había desaparecido, no había nada más. Con dolor por dentro me levanté y me dirigí a la cocina. El Sol entraba con fuerza por la ventana y había calentado el suelo lo suficiente como para notarlo pese a llevar zapatillas. Cerré la puerta y me descalcé. No sabía lo que estaba haciendo pero actuaba por inercia. Abrí las espitas del gas y me senté a esperar mientras pensaba que nadie lloraría por mí.

Por fín

Nunca se dan cuenta. Por mucho que nos empeñemos en arreglarnos no se dan cuenta, como mucho te sueltan eso de "qué te has hecho". Hoy he ido a arreglarme para mí, con él no cuento ya nunca. Después de cuatro horas estoy perfecta. Ha sido una sesión completa: primero depilación, a continuación un masaje para relajarme de los tirones y para finalizar un cambio de color y corte al pelo. ¡Sí, estaba deprimida! aunque sé que él no se da cuenta de nada.

En el fondo son todos unos estúpidos machistas a los que lo único que le importa está situado por debajo de su ombligo, muy abajo. Si por lo menos lo usaran bien en vez de pensar que saben usarlo. Hace tanto tiempo que no disfruto que hasta me da vergüenza comentárselo a mis amiga, menos mal que siempre me queda mi "amigo infalible".

¡Qué susto se llevó cuando me lo encontró en el cajón!, está claro que las comparaciones son odiosas… "para ellos". Es un auténtico imbécil, al final le acabé diciendo que había sido un regalo de la despedida de soltera para que no se sintiera defraudado. No estoy dispuesta a estas alturas a andar enseñando lo que hay que hacer ni cómo jugar.

Ya estoy cansada, muy cansada. Supongo que por eso lo del cambio de aspecto, necesito verme distinta. Una mujer distinta para una vida distinta. De hoy ya no voy a pasar. Estoy harta de tonterías, de discutir, de hacer todo yo, de hacer de madre .. ¡estoy harta de él! Cuando llegue le plantearé lo que hace tiempo que tenía que haberle planteado. Gritará, gritaré y, lo mejor es que cuando acabe el día, él va a estar seguro de que me ha dejado porque quiere y que yo soy una estúpida por no apreciar lo maravilloso que es. Me encanta que los tíos se crean que son ellos los que toman las decisiones, ¡pobrecitos!

Y mañana saldré a hacer algo que hace mucho que no hago...¡disfrutar!

miércoles, 14 de enero de 2009

Cartero

Como todas las mañanas recibo la llamada en el timbre del portal. ¿Por qué los carteros siempre llaman al piso de arriba? Debe ser que nadie puede asomarse para comprobar que es verdad.

Estaba recién salida de la ducha y empezando a secarme el pelo. Me encanta estar sola en casa, sola y desnuda. Con mis compañeras no es igual, ellas son muy pudorosas y enseguida me dicen que me tape. Justo cuando estoy a punto de encender nuevamente el secador suena el timbre de la puerta. Parece ser que el cartero nos trae algo, debe de ser para Zaira, que últimamente recibe muchos regalos. Alzo la vista y le cojo el albornoz a Elloise. A ella no le gusta que la llamen así ni que usen sus cosas, pero es un caso de fuerza mayor, no quiero que el cartero se desmaye.

Me dirijo hacia la puerta excitada por la situación que se me presenta. Otras veces tengo recibido así a la gente y me encanta ver la cara de sorpresa cuando observan la silueta de mis pechos. Yo ya no soy tan joven como las impetuosas de mis compañeras pero para mis casi ... bueno para mis veintitantos años, estoy muy bien, y la gravedad aun no me ha afectado. A decir verdad, tengo un pecho precioso y en su sitio, una 95 bien completa que ha conseguido que mas de uno se haya ido después de estar una hora hablándome y no verme los ojos ni una sola vez. Antes me daba vergüenza, pero ahora disfruto con la estupidez de los hombres.

Al abrir la puerta veo a un jovencito entretenido con la libreta que tiene en la mano. A cámara lenta va alzando la mirada recreándose en lo que está viendo, creo que le he alegrado el día. Tartamudeando me dice que le firme, alargando el brazo le cojo el bolígrafo y dejo que el albornoz se abra un poco. Si el pobre supiera como me encuentro dejaría de repartir esa mañana. Con una sonrisa y un insinuante gracias tomo el sobre y cierro con suavidad la puerta.

En cuanto escucho el clic me encuentro totalmente excitada y ansiosa. Estoy pensando en ir a la habitación a relajarme un poco cuando vuelve a sonar la puerta. Esperando encontrarme otra vez esa cara de sorpresa que me va a alegrar la mañana vuelvo a abrir la puerta. Tan pronto como mi mano gira el pomo siento un golpe enorme contra mí: alguien ha entrado en mi casa.

Cuando recupero la consciencia me duele todo el cuerpo. Estoy atada de pies y manos y por el dolor que noto alguien se aprovecho de la situación. Noto como las arcadas me suben y vomito. Tan pronto como me tranquilizo alzo la cabeza y busco a mi alrededor esperando no encontrarme a nadie pero él está ahí, de pie, desnudo y observándome. Grito con todas mis fuerzas pero él es muy veloz y salta sobre mi cuerpo golpeándome en la cara. Siento como mi mandíbula gira de una forma anómala pero quiero seguir gritando.

Si no le hubiera visto la cara sé que hubiera tenido una oportunidad pero ahora no. Una sucesión de golpes consiguen cerrarme los ojos en sangre. Al cabo de un rato ya no tengo fuerzas para nada y solo quiero que todo acabe, que aparezcan ellas por la puerta y lo destrocen, que alguien me haya oído y que llamara a la policía, cualquier cosa, pero me vuelve a violar.

No se cuanto tiempo ha pasado, una eternidad. Cuando nuevamente acaba se levanta y suspiro entre sollozos. Un minutos, dos minutos, tres minutos… todo está en silencio. Si pudiera abrir los ojos los abriría. Me concentro en mis otros sentidos, no mejor sólo me concentro en el oído, no quiero que mi piel sienta, quiero olvidar su olor y su gusto, y escucho su respiración junto a mí. Justo cuando un nuevo grito va a salir de mi garganta un fuerte golpe en mi pecho me atraviesa. Creía que era un puñetazo pero sé que todo ha acabado. Lo que más pena me da ya no es que quede impune, no, ni siquiera que alguien lo pueda ver salir. Lo que siento es no volver a ver a mi familia, siento no volver a cumplir más años, siento fastidiarle la boda a Zaira… y todo por culpa del cartero.

martes, 13 de enero de 2009

Playa

El Sol acaricia mi piel desnuda mientras disfruto de su calor. Permanezco quieta mientras disfruto sintiéndome libre. El rumor de las olas hace que me adormezca mientras me arrulla con su melodía. Intento aislarme para que las voces que oigo a mi alrededor desaparezcan. Ya estoy harta de escucharla. Si pudiera le taparía la boca de una vez por todas pero respiro profundamente e intento percibir los rayos del Sol recorriéndome, calentándome, entrando en mi interior, poseyéndome. De repente noto como me ruborizo por lo que acabo de sentir.

Su carcajada me devuelve a la realidad. La odio con todas mis fuerzas. Le encanta ser el centro de atención y todos parecen disfrutar con ella. Claro, eso de estar con los pechos al aire también ayuda. No es que esté celosa, pero no soporto sus aires de superioridad.

Ella era mi amiga. Ella era la persona más importante de mi vida, pero no pudo evitarlo. Me engañó. Claro que luego quiso enmendarlo pero el cristal de nuestra confianza ya estaba roto. Yo la quería, incluso llegué a pensar que lo nuestro era algo más. La amaba. Pero varias conversaciones entre las dos contribuyó a tender una pequeña valla entre nosotras. Después de eso ella sólo aparecía en mis sueños más íntimos.

Me doy la vuelta y hundo la cabeza en la toalla. Por favor que se calle o gritaré. Sé que como me levante le diré cualquier impertinencia y sólo contribuiré a que todos la crean a ella. Al fin se van a bañar dejándome sola. Menos mal, ya no aguantaba más. Me giro para ver como van todos tras ella como corderitos. Si supieran lo que ella piensa de ellos seguro que no se comportarían como idiotas. Ella piensa que los hombres son basura y que sólo muy pocas cosas son reciclables.

Una ola la cubre y escucho sus grititos para llamar la atención. Si se ahogase no me importaría. Pero las cosas nunca son como una quiere. El agua hace que su cuerpo brille como una diosa. Es realmente guapa. Hundida en mis pensamientos me dejo caer hacia atrás mientras la rabia me recorre por dentro. Nadie se acordó de que yo estaba a su lado.

Nuevamente me giro y grito ahogando el sonido contra la arena mientras agarro con fuerza la toalla. Las lágrimas han aflorado con mi rabia. Cuando por fin me tranquilizo me seco la cara. Y al incorporarme la veo frente a mí con su pelo castaño cubriéndole la cara.

- No sabía que te sentías así. – Me dice mientras sus ojos empiezan a brillar. – Te quiero y quiero que me perdones.

Abro la boca y la vuelvo a cerrar. Sólo unas palabras salen de mis labios mientras ella se acerca para abrazarme.

- Yo también.

miércoles, 7 de enero de 2009

Un lugar

Seguíamos compartiendo los mismos días, tardes y noches. Estábamos sentados en el mismo lugar de siempre, con la misma gente y rodeados por el mismo ambiente. Las palabras y las miradas eran las mismas que hacia tan solo unos meses, y algo perturbó nuestro día a día. Algo te hace desaparecer y no regresas. Ya no sé donde esta mi sitio y rauda huyo al lugar donde me escondía contigo y tan solo pido que regrese la paz que tanto ansío ahora.

Nuestro rincón ya no existe. Las casas se han apropiado de nuestro árbol, de nuestras flores. Esas lilas que tantas veces recogiste para hacerme una cama de pétalos sobre el que luego hacíamos el amor. Odio el habernos perdido eso también. Tal vez, si hubiéramos venido antes que los constructores hubieran empezado a edificar lo nuestro se habría arreglado. Pero vino la monotonía, la desidia.

Poco a poco fuimos abandonando todo y al final me abandonaste. Quisiera llorar por todo. Porque no estás a mi lado, porque no existe nuestro rincón, porque tengo que seguirte viendo cuando ya no estás conmigo… pero soy incapaz. Tal vez porque ya sabía que todo iba a pasar. No había que ser muy inteligente para ver que ya no me querías. Y luego vino ella.

Era la mujer perfecta: guapa, inteligente, atenta, divertida… tal vez por eso era mi amiga. No sé si me duele más que me hubieras dejado por ella o haberla perdido como amiga. Tantas confidencias que nos contamos en las largas noches en que tú no estabas, por culpa de un trabajo que te alejaba de mí durante la semana. Tantos lloros, tantas alegrías. Ella también desapareció.

Ahora os contemplo como una extraña cada vez que os cruzáis por delante de la tienda, y añoro el pasado queriendo volver a él.

- Son horribles. – Doy un respingo sobresaltada. – Este lugar era antes un parque precioso donde las parejas venían a pasear.
- Es verdad, pero la ciudad absorbe todo. – Le digo suspirando. – Yo antes venía aquí, también.
- Vaya. – Sus ojos me contemplan y me escrutan. – Que pena no haberla conocido por entonces. Aunque soy un poco mayor que usted…
- Alba, me llamo Alba. Y no creo que sea mucho mayor que yo. Tengo 30 años ya.
- Encantado Alba, soy Alexis. – Me dice dándome dos besos. – Es verdad, yo también tengo esa edad aunque parecía que eras mucho más joven.
- Gracias. Sí, yo venía acá hace tiempo, con quién era mi pareja. – Le dije desviando mi mirada al cielo de la noche.
- Una noche preciosa para pasear y hablar. ¿Te apetece?

Le miré y por primera vez me imaginé un futuro distinto. Y empezamos a andar.