jueves, 2 de octubre de 2008

Eternidad

El rumor de las olas se escucha a lo lejos escondido entre el trinar de mil aves que se despiertan. El Sol suavemente se alza calentando nuestros cuerpos desnudos. Nunca antes habíamos imaginado que existiese un lugar tan perfecto. La naturaleza se haya en pleno esplendor y nosotros no somos más que un elemento más dentro de ella. La miro y observo al ser más perfecto que podría existir. La felicidad que noto en mi interior me inflama como una vela al viento. Quiero despertarla para decirle que la quiero y que soy el ser más afortunado por tenerla a ella junto a mí. Otras personas dirán que no es tan guapa e incluso le verán defectos pero yo no veo más que a un ángel que un día bajo del cielo para acompañarme.

Gracias a ella estoy convencido de que el cielo existe y de que ahora mismo nos encontramos en el paraíso. Me incorporo y escucho como algunas aves que se habían posado a nuestro alrededor alzan el vuelo. Estamos rodeados de una orgía multicolor de luz y sonidos. Las aves del paraíso están sumergidas en interminables cantos de cortejo compitiendo por conseguir la canción perfecta, mientras el mar marca el ritmo al besar una y otra vez la arena. Me dirijo hacia una fuente cercana sintiendo la suavidad de la hierba bajo mis pies. Es maravillosa esa sensación de caminar descalzo, sensaciones que olvidamos con facilidad según crecemos y nos empeñamos en esconder nuestros sentidos bajo capas de humanidad. Recojo la fresca agua con mis manos y grito de felicidad cuando esta atraviesa mi garganta. Sin resistirme a la tentación sumerjo mi cara en la misma. Me siento vivo y me siento enamorado.

Empapado me dirijo otra vez a junto de ella. Sigue profundamente dormida y en vez de despertarla me tumbo a su lado para poder deleitarme con la visión de su cuerpo. Tiene el mismo cuerpo que cuando nos conocimos, un cuerpo que me enloqueció y que desde ese momento deseé. La quiero, la deseo, la amo, no podría imaginar mi vida sin ella. Pese a estar en el lugar perfecto todo esto no significaría nada si ella no estuviese aquí. Cierro otra vez los ojos y sigo escuchando el mar, los pájaros y su respiración. Y espero pacientemente a que ella se despierte para poder disfrutar otra vez juntos como la primera vez.




Sus ojos no encuentran consuelo. Cada noche se acuesta entre llantos y desea que todo llegue a su fin. La vida es una esclavitud y un tormento del que no puede escapar. Hubo una vez que estaba enamorada de un hombre que quería, de un hombre que necesitaba para poder seguir viviendo. Pero por desgracia eso fue hace años. Antes de que una enfermedad se lo arrancase de su lado y le demostrase que el amor puede ser cruel cuando no existe. Sólo cuando se queda dormida es capaz de recordar las últimas palabras que él le dijo y suspira mientras sigue esperando condenada a un martirio en vida. Hoy es el día que iban a cumplir 50 años de casados y es justo cuando cierra los ojos cuando recuerda perfectamente su voz diciéndole que le esperará en ese paraíso que mil veces imaginaron y que por ella esperará lo que haga falta.

Siente otra vez esa melodía formada por los pájaros y el mar pero en esa canción escucha un nuevo sonido que le inflama su corazón. Cuando abre los ojos la ve despierta y como si su vida dependiese de ese momento se vuelven a besar como hicieran una vez. Y jamás se volverán a separar.

miércoles, 1 de octubre de 2008

La pareja

Las manos de él se deslizaban con delicadeza por su espalda desnuda. No había prisa, no había nada más después. Los dos deseaban aprovechar cada instante de pasión con suavidad. Ella permanecía tumbada mientras él le recorría la piel. Los labios de él se posaron en su nuca mientras apoyaba su cuerpo sobre ella.

Cuando ella se despertó él ya no estaba allí. Hacía tiempo que no recordaba lo que era disfrutar tanto. Cuando se levantó para ir a la ducha su cara reflejaba una gran sonrisa. Se encontraba feliz y plena. Esa mañana el color de su ropa contagiaba la alegría a todo el mundo que la conocía. Alguna vez había escuchado que la felicidad es reflejo de la satisfacción y ella se encontraba pletórica.

Se pasó todo el día recordando esa noche y cada vez que lo hacía su cuerpo se volvía a estremecer. Aun era capaz de sentir sus labios en su boca, sus manos sobre ella y él dentro de sí. Ella era deseo. Todo ese día era perfecto. No había nada que pudiera salir mal.

Al finalizar la jornada laboral se dirigía hacia casa, como todos los días y cuando se encontraba frente al portal lo volvió a ver. Se fusionaron en un abrazo como dos enamorados. Las bocas se buscaban y se anhelaban. El tiempo se había vuelto a detener como sucediera anteriormente hace 17 años. Es increíble lo que se puede llegar a querer mientras se sigue creyendo en el amor. Mañana estarán de aniversario otra vez.


La noche fue tan perfecta como las precedentes. Si en algún lugar le esperase el paraíso este sería como es su vida actualmente. No puede imaginarse más felicidad que estando al lado de su marido. Es cierto que una vez tuvieron problemas pero no fue nada que entre los dos no hubieran podido superar. No existe ningún problema que no pueda ser superado con amor, y en eso son especialistas. Esta mañana él no ha ido a trabajar. Le deja durmiendo mientras se asea y prepara el desayuno.

Una vez de vuelta a la habitación para despertarlo se le ocurre que tal vez él prefiera otro tipo de desayuno. Deja caer el albornoz a los pies de la cama y suavemente desliza las sábanas que tapaban ese cuerpo que ella tanto desea. Se aproxima lentamente y le besa. Al sentir los labios sobre los suyos se da cuenta que él ya no podrá devolverle más besos. Se aparta y le mira con los ojos anegados observando su placidez, y le seguirá queriendo.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Pereza

«No puedo aguantarlos más. Se pasan todo el día pidiéndome cosas como si no existiese nadie más a quién fastidiar. Yo ya sé lo que quiero hacer y no hace falta que se pasen todo el rato detrás de mí recordándome que estudie, que arregle la habitación, que coma, que duerma, que no salga con mis amigos, que no hable por teléfono... no creo que haya nadie más vigilado y más sometido que yo.

Cada vez que llego a casa eso parece un tribunal inquisidor. ¿Dónde he estado?, ¿con quién?, que si he ido a clase o qué he tomado. Uno se harta de estar todo el rato respondiendo preguntas tontas. Seguro que sus padres eran más tolerantes cuando eran ellos pequeños. Lo peor es que me hacen sentir raro. Mis amigos no son sometidos a esa tortura. Sus padres sí que son “guays”. Les dejan hacer lo que les da la gana y no están todo el rato detrás de ellos y les dejan hacer lo que quieren. Ni siquiera se preocupan a donde van el fin de semana o con quién. Yo ya soy lo suficiente mayor para hacer lo que me dé la gana, tengo 16 años. También sé lo que quiero hacer de mayor: quiero ser D’J, estoy harto de estudiar para nada. Sólo soy feliz cuando estoy fuera de casa. Menos mal que mis padres no me viene a buscar a la discoteca, si lo llegasen a hacer me iría de casa.

Cuando estoy en la disco la cosa cambia. Un par de pastillas, música a tope y bailar, siempre y cuando no aparezca una niña a la cual hacer un favor, aunque siempre aparece alguna. Durante esas horas soy en amo del mundo. Si mis padres me vieran comprenderían que soy feliz haciendo lo que me gusta. A veces subo junto a la cabina del discjockey y lo observo moverse. Cada noche es perfecta, las pistas se mezclan de una manera casi imperceptible manteniendo siempre ese ritmo frenético que nos lleva al éxtasis. Lo que más me gusta de él es que se niega a poner peticiones. Él tiene el poder de la noche y nosotros somos sus siervos. Las chicas están como locas para que les haga de todo. ¡Es el mejor trabajo del mundo!

De las pocas veces que me ha hablado he sabido que tampoco quiso estudiar. Se fue de casa con 18 años y desde entonces vive muy bien sólo. Tiene su propio apartamento y un coche, cada noche está con una chica distinta y toma lo que le da la gana sin que nadie le recrimine. Hasta me dio a probar las “pirulas” que toma y estuve durante un par de horas alucinando. Ojalá él fuera mi padre.

Ya lo hemos decidido. Mi colega y yo nos vamos a ir de casa este fin de semana. Hemos venido a la discoteca a despedirnos de la gente y disfrutar lo más posible de nuestra última noche en el pueblo. Han venido cuatro D’J y la fiesta promete. Hemos pillado dos docenas de “pastis” para no perdernos nada. Estoy harto de que mis padres se empeñen en dirigir mi vida. Esta ha sido la última vez que me recriminan por haber suspendido todo. Entre mi amigo y yo hemos robado cerca de 2000 € y eso nos llega para tres o cuatro meses viviendo tranquilos. Hemos cogido unos billetes de autobús para irnos a Madrid nada más acabe la fiesta, y desde allí iremos al sur. Vamos a hacer la ruta de la costa. Hemos quedado ya con alguna gente de por allá que nos van a acoger en sus casas y así no tendremos gastos. Luego buscaremos cualquier trabajo y me dedicaré a observar a todos los D’Js de por allí. Voy a hacerme famoso, seré el número uno.»


• Sus padres estuvieron llorando durante meses pero su corazón se quebró para siempre. Ellos habían hecho todo lo posible para que su hijo tuviera de todo y tal vez ese fue su fallo. Querían que nunca le faltase de nada y le dejaban tomar sus propias decisiones pero sabían que sólo podrían empeorar las cosas y le decían que dejase a sus amigos. Ahora se arrepienten de no haberlo alejado de sus amigos y de tomar otras decisiones. Su madre siempre le ocultó a su marido esos pequeños hurtos que notaba en el bolso por miedo a que él le pegase. Su padre siempre le ocultó a su mujer esas pastillas que cayeron del bolsillo una noche que le ayudó a meterse en cama. Los dos se arrepienten de no haberle ayudado a pensar de una forma distinta pero ahora es tarde.

Él tomó su última decisión cuando salió de casa esa noche. Él no quiso escucharlos nunca porque ellos no sabían nada de la vida y por eso compró esas pastillas. Él nunca quiso luchar por el futuro porque eso nunca llegaría y cuando notó como su cerebro explotaba deseó que todo hubiera sido un sueño, pero en la vida real los sueños no existen y cuando te despiertas pagas por todo lo que has hecho.

Ahora sólo quedan lágrimas.

domingo, 28 de septiembre de 2008

La cajera

Buenos días. Nunca había pensado que esas dos palabras iban a ser capaz de congelar mi cuerpo. Han transcurrido más de 15 años y todo ha vuelto de repente. Las productos que tenía a punto de pasar por el lector se me cayeron de las manos. Quince años que parecieron no haber existido nunca. La voz sigue igual pese a que en su rostro se ve el paso del tiempo. Y esos ojos... ¿Cuántas veces me desperté gritando, empapada en sudor y con esos ojos en mi mente? Todo mi cuerpo tiembla cuando me agacho a recoger las cosas que han caído. Me siendo desnuda y frágil. Pese a las ganas de salir corriendo me vuelvo a sentar y le observo detenidamente. En su cabeza casi no hay pelo y por lo que parece está casado. Un hombre no haría esta compra: jabón de olor y jabón de baño, productos de limpieza, dulces,.... efectivamente, debe de estar casado, un hombre no compraría salvaslips y compresas.

Empiezo a buscar por ella para ver como es. Me gustaría decirle tantas cosas, avisarle, llorar. Si dieran un Óscar a la sonrisa más fría esa sería la mía. Los productos los paso mecánicamente mientras le observo y le miro. En mi interior no hay más que un deseo irrefrenable de venganza. Me gustaría coger un cuchillo y atravesarle con él el corazón mientras le miro a los ojos. Pisarle la cabeza. Cualquier cosa que sea con tal de verlo sufrir. Y que muera lentamente. Que cada segundo que he sufrido en estos años se grabe en su carne. Qué cada vez que sentí asco cuando un hombre me tocaba le haga mella en su corazón. Y sigo pasando las cosas de una forma mecánica.

Casi al final escucho la voz de una mujer llamándolo. ¡Se llama Luis! Luis, Luis... nunca más olvidaré ese nombre. Si por lo menos hubiera tenido un nombre tal vez lo hubieran encontrado. Luis, el nombre de mi infierno. Luis, sería capaz de odiarte pero no lo voy a hacer porque eso implicaría que siento algo por tí. Ni el desprecio me permito sentir. Ella es una mujer de mi edad. Normal. Totalmente normal. Por mucho que la miro no veo nada raro en ella, bueno sí: ¡Él! ¿Qué le habrá visto? ¿La habrá violado en cama? No, no creo, eso sólo lo hacía con jóvenes. Y se vé que le quiere. Esa caricia que le hace en la espalda. No puedo seguir mirando. No me siento capaz.

Le dijo el importe y con complicidad le pregunto a ella que si le quiere. Ella se sorprende y me dice que sí y empieza a llorar. Luis la abraza y me dice que no me preocupe. Que ella está así desde que a él le diagnosticaron cáncer. En mi fuero interno me alegré, ojalá sufra. Luego me fijo en ella, está derrumbándose. Él me confiesa que no le queda más de un mes de vida y que se negó a que le hicieran nada. Prefiere vivir sufriendo a morir drogado. Le dije que le comprendía.

Cuando salieron del supermercado pedí a una compañera que me sustituyese que me encontraba mal. Me fui a casa ydándole vueltas a todo lo que había pasado. Hace quince Luis me mató por dentro y viví encerrada en aquel momento pidiendo venganza, olvidándome de mí. Quince años condenándome y sufriendo. Y después de quince años ese mismo hombre me regala las palabras que me devuelven parte de mi. Había vivido drogada por un recuerdo y no había afrontado la situación. No podemos olvidar pero tenemos que ser capaces de vivir con los recuerdos. Y por primera vez veo algo de esperanza en mí.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Ira

Sus manos dejaron de moverse y cayeron inertes a los lados. No podía dar crédito a lo que acababa de hacer. Nunca había pensado que pudiera comportarse de esa forma y menos él. Tantos años subyugado al miedo le habían condicionado de una forma cruel. Odiaba todo lo que su pasado representaba y durante todo este tiempo había intentado comportase de una forma distinta. Cualquier arrebato o intento de furia había sido sometido de manera inmediata por su mente. Nunca había sido capaz de explotar ni se había consentido el exponer sus sentimientos. Temía que pudiera convertirse en ese ser que tanto odió.

Aún recuerda los lamentos silenciados por los golpes que se escuchaban en la habitación. Nunca sospecharon que él lo sabía. Ella siempre intentó que no se notara nada y que las cosas no trascendiesen más allá de la habitación. Pero el maquillaje no lo tapa todo. La forma de andar quejumbrosa y los sobresaltos que se llevaba cada vez que escuchaba cerrar la puerta hacían que crecieran con el miedo como un hermano más. Además, él era demasiado joven como para saber todo lo que había sucedido. Lo peor siempre había sucedido mientras dormía. Sabía que su hermana quería matarlo pero nunca supo el motivo hasta que fue mayor. Hasta que fue demasiado tarde.

Tal vez él se escapó de muchas cosas por ser el pequeño, pero en el fondo no quería creer que sólo fuera por ser hombre. Y no era tan malo. Siempre se acordaba de él. Le compraba todo lo que quería y cuando había tenido problemas en el colegio había sido él quién acudió a pegar a esos niños que le habían tirado en el patio. Todavía tiene en la mente las palabras que le repetía tantas veces: “Sólo si te temen harán lo que quieres.” También entendió tarde esa frase.

Lo más triste es que un día uno toma conciencia de lo que sucede a su alrededor, normalmente de una forma cruel. Ese día las cosas salieron fuera del dormitorio. Él estaba enfadado. Hacía varias semanas que le habían despedido y no era capaz de encontrar un trabajo. Su madre hacía todo lo que podía para que las cosas marcharan lo mejor posible y tal vez ese fue su fallo. En una de las casas que trabaja comentó la situación por la que pasaban e intentaron ayudarnos. Cuando le comentó que le había encontrado trabajo él la miró con furia. Parecía un animal rabioso al que le quitan el hueso con el que juega. Las palabras que dijo no eran importantes pero cuando ella quiso disculparse empezó a golpearla. Su hermana intentó ponerse en medio como si fuera una pared pero un tortazo llegó para derrumbarla. Y no pudo aguantar más.

Estaba en la cocina cenando tranquilamente cuando empezaron los gritos y los golpes. Se asomó
para ver que sucedía y sólo pudo ver como una fiera golpeaba con saña a su hermana y a su madre. Un niño de 13 años no es capaz de muchas cosas y sobretodo cuando se enfrenta a una mole de más de 120 kilos e hizo lo único que podía hacer. Cogió un cuchillo y se acercó a él por la espalda. Justo antes de saltar su padre lo vio pero ya era tarde. Sintió como el cuchillo se hundía en la carne mientras gritaba que las dejase en paz. Antes de que pudiera articular una palabra coherente la hoja se había hundido varias veces más inundándole el rostro de sangre. Toda la ira contenida salió a flote y cuando él se cayó al suelo su hermana ocupó su lugar. Apenas unos minutos más tarde todo había acabado. Intentó llorar pero ya no fue capaz de hacerlo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

El Gigolo

"¡Eres increíble!" Me encantan que me digan eso, aunque después de tanta gente ya tenía que estar acostumbrado. Pero he de reconocerlo, lo soy. Por lo menos en la cama. Puede que mi juventud sea el motivo para ello, 25 años, pero pienso que la razón reside en el ejercicio. Desde mi primera vez, con 16 años, hasta hoy, no ha habido un sólo día sin que hubiese mantenido una relación. Alguno pensará que soy un fantasma, pero es la verdad. Y todas ellas mayores que yo. Tampoco me fijo en las de mi edad, me parecen demasiado insulsas. Prefiero conquistar a las maduras, y si a eso le añadimos mi fama como gigoló, obtendremos un galán perfecto.

Nunca una mujer se ha quejado de mí y nunca una mujer a quedado insatisfecha. El truco reside en el detalle. Hoy en día no se sabe conquistar, la gente tiene prisa y se olvidan de los detalles: Una flor, un poema escrito en una servilleta, una llamada, un susurro o una simple caricia hacen más que cenas y joyas, y tampoco podría competir contra eso. Pero ante cualquier conquista lo que también importa es el tiempo de trabajo.

Conquistar a una mujer no es fácil cuando uno tiene mi edad y la candidata 10 años más, por lo menos. Nadie se fija en un chaval, no ofrece nada, y por eso hay que estudiar las situaciones. Averiguar donde trabaja, donde vive, sus horarios, sus gustos y costumbres, el correo que recibe.... una labor de investigación digna del mejor detective privado. Esto se puede hacer en cualquier momento. No es la 1º vez que me paso horas delante de un portal esperando a verla llegar. Y cuando ya tenemos todos los datos hay que pasar a la acción e ir llamando poco a poco su atención.

Una mujer no se fija en un chico desgarbado, aunque le lleve un ramo de flores con una dedicatoria, pero cuando los ramos pasan a ser semanales nos encontraremos a una mujer ansiosa por que llegue el miércoles y ver si su admirador se ha acordado de ella, me gustan los miércoles porque así la inquietud aumenta cara al fin de semana. El siguiente paso es, un día, no mandárselo y esperar. Cuando sale esa tarde del trabajo la cara suele ser de tristeza o de rabia, no se han acordado, y es entonces cuando al acercarme con una flor y una sonrisa cuando ella se rinde. Me encanta esa mirada de extrañeza que ponen: ¿Un mocoso?, ¿pero que habrá visto en mí?, eso piensan casi todas. Y enseguida ves que su ego aumenta al pensar que han conquistado el corazón de un "chaval".

¿Y la primera vez? Siempre intento que sea especial. Suelen estar nerviosas y muchas se apuran y también ahí hay que tener tacto. No les suele gustar que sea un niño el que controle la situación completamente, les gusta ser a ellas las que llevan la voz cantante, pero no me gusta dejarles salvo para los detalles. Otra vez los detalles: determinadas caricias, formas de besar o de moverse, pequeños gustos,... aunque al final todas se dejan hacer. Hasta determinadas cosas que nunca harían cuando las prueban enloquecen. Es como si se destapase la caja de Pandora que tenían oculta. Si sus parejas supieran todo lo que pueden llegar a hacer dedicándoles un poco de tiempo se sorprenderían.

Y empiezan los regalos. Lo más habitual son los relojes aunque una mujer me llegó a comprar un piso y un coche para que no me marchase. El dinero no suele ser el motivo de porque lo hago, no. Es más, tengo ya tanto dinero que aunque despilfarrase 1000 € a la semana tardaría años en vaciar la cuenta, las mujeres agradecidas suelen ser muy generosas. No es el dinero, lo que me motiva es la prensa. Romper una relación cuando es perfecta cuesta mucho y una mujer despechada es el ser más peligroso que existe. Conseguir que le dejen a uno es una labor más delicada que la conquista.

Aun recuerdo a la primera mujer que me dejó. Al cabo de dos semanas de llamadas y mensajes se acabó suicidando. Fue una gran pérdida, me encantaba lo bien que olía y cómo bailaba. Ella me enseñó muchas cosas entre ellas a dar masajes después de hacerlo, era algo sumamente erótico pero al desaparecer la carga sexual se hacía más irresistible. No me acuerdo de su nombre pero guardo ese recorte, apareció en todos los periódicos. Yo me reía cuando acusaban al exmarido del crimen, al final quedó absuelto pero yo me reí mucho. Desde aquella mujer he conseguido que otras treinta mujeres se suiciden por amor y creo que esta noche conseguiré sumar la treinta y una. La pobre está muy mal y después de este último fracaso ya no tiene ninguna razón para seguir viviendo y supongo que usará las pastillas que casualmente me olvidé el su mesilla junto a una carta debidamente escrita en la que le anuncio mi muerte, eso siempre funciona.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

El portal

¡Qué asco! mi cuerpo se revuelve cada vez que le miro a los ojos. Tengo esos ojos y ese olor grabado en mi interior a fuego. No puedo hacer otra cosa más que apartar la cara para no verlo y para no percibir ese olor a putrefacción que sale de su boca cada vez que me la acerca. Una y otra vez me arremete y las lágrimas que hay en mi interior quieren salir. Una y otra vez intento que no vea en mí más que frialdad en impotencia. No he vuelto a intentar escapar, mi ojo cerrado y el sabor de la sangre en mis labios me avisan de que si lo intentase sería peor. Noto como su mano me agarra el pecho con fuerza mientras sigue empujando. Las piernas me duelen como si hubiese corrido una maratón. Cada vez que emito un sonido el frío del puñal en mi cuello lo acalla.

Deseo que esto acabe de una vez desde el mismo momento que me empujó dentro del portal. Con el primer grito vino el primer puñetazo. Luego esa voz suave y tranquila que me congeló el corazón y me hizo desear no haber nacido. Un suave pinchazo en el vientre y calor saliendo de mi interior cuando intenté pegarle, y otro golpe en la cara fueron lo suficientemente convincentes para que no siguiera forcejeando. Me sabía muerta y creí que lo mejor era ceder aunque ahora hubiera preferído el morir entonces. No noté el frío de la noche en mi piel cuando me cortó la ropa dejando mi cuerpo al descubierto, ni la frialdad de la piedra al tirarme sobre ella, sólo dolor. Un dolor intenso cuando mis rodillas y mis manos golpearon en el suelo. Un dolor en la cabeza cuando tiró de mi pelo como si se tratase del arnés de un caballo. Y un dolor que me rompió la poca inocencia que quedaba en mí cuando me rasgó mi interior por detrás. El dolor era indescriptible, yo quería expulsarlo de mi interior y él se empeñaba en entrar más y más en mi carne. Una vez satisfecho por esa parte fue cuando me agarró de un brazo y me volteó con fuerza golpeando mi espalda en las escaleras. Por entonces ya no me quedaban lágrimas por salir. Ya me había matado por dentro y no le iba a consentir que me matase por fuera. Deseaba que acabase de una vez. Suplicaba porque alguien entrase por esa puerta y lo matase. Deseaba vez como su sangre manchaba el suelo mientras yo le escupía. Pero eso no sucedería.

Ahora sólo espero el final. Grabo en mi mente cada instante deseando poder vengarme algún día. Noto como mi cuerpo hace rato que dejó de ser mío y que mi corazón se ha roto. No creo que pueda volver a dejar a un hombre tocarme. Acelera sus movimientos y noto el calor de sus fluídos en mi interior. Grito porque no puedo más. Deseo que mi interior lo repela mientras él se ríe. Un nuevo golpe en mi cara y en mis costillas junto con un aviso para que no me levante. Encojo mi cuerpo como cuando estaba en el útero de mi madre y escucho golpear la puerta.

Durante un tiempo indefinido sólo soy capaz de llorar. Todo mi ser ha sido violado. Mi cuerpo, mi alma, mi maternidad. En mi interior hay algo que me pide que me levante y que intente avanzar pero algo ha muerto esa noche. Deseo lleguer a la seguridad de mi piso, entrar en el baño y no salir hasta que me encuentre totalmente limpia y sé que pasaría mucho tiempo hasta que eso sucediera. Pero doy la vuelta y me dirijo al hospital. Me va a tocar revivir cada segundo pero si no lo hago no podré vivir.

Y algún día me lo volveré a encontrar.....

martes, 23 de septiembre de 2008

Codicia

No es justo. Yo me porto bien y nunca me traen los Reyes lo que les pido. Este año había sido muy bueno y no había hecho nada malo. Hasta en casa ayudaba a veces a poner la mesa. Y cada vez que les preguntaba a mis padres si había sido bueno me decían que sí. Los Reyes no son buenos. No pueden serlo, si lo fueran me habrían traído todo lo que había pedido en la carta. Ya sé que no sé escribir muy bien pero les había puesto los dibujos y los recortes de las revistas. Lo primero que les decía era que quería la consola de juegos y cuatro juegos. Ya soy mayor y puedo jugar con ella ¡ya tengo siete años! Y no me la han traído. En vez de una consola me traen un chándal. ¿Para qué me sirve un chándal? No sirve para jugar con él. Y tampoco me han traído la bicicleta, llevo pidiendo una bici toda mi vida. Era el regalo que más quería y tampoco me la han traído. En su lugar me trajeron unos muñecos con un helicóptero y un barco con más muñecos. Yo no quería eso, ¡quería una bicicleta! Lo que sí que me han traído es unos libros para leer y un plumier nuevo. Mamá me decía que pidiera eso que los Reyes suelen traer cosas con las que vas a jugar o cosas que vas a usar, pero yo no quiero esos Reyes. Yo quiero los Reyes de Marcos.

A Marcos le han traído hasta un coche teledirigido y una bicicleta nueva que tiene ruedas para no caerse. Para el próximo año voy a poner la carta en casa de Marcos. Además, Marcos sí que es malo. Todos los días nos anda pegando en el colegio y escupe. También insulta a su madre cuando sale y se porta mal. ¡Y los Reyes le traen una bicicleta! Los Reyes no son justos. A mí me traen ropa y pinturas y a Marcos le traen juguetes y una televisión. Estuvo presumiendo en clase de que podía ver la televisión en su habitación porque había sido muy bueno, y yo llego al colegio con un chándal y resulta que Marcos tiene uno mejor, uno de fútbol.

El otro día, la profesora nos dejó traer los juguetes que nos habían traído los Reyes para jugar en el patio. Casi todos habían venido con Spidermans y yo había traído mi muñeco que no hace nada. Tiene una pistola pero no puede lanzar telarañas y no es un superhéroe. Ese día Marcos trajo un robot muy grande que se mueve y habla sólo con darle a un botón. Una vez en el patio Marcos se rió de mi muñeco y me dijo que mis padres eran pobres y que por eso tenía Reyes pobres. Me puse a llorar cuando todos se rieron y me marché junto a la profesora pero ella no me entendía: yo había sido bueno y marcos no, y él tenía juguetes buenos y yo no. Tal vez Marcos tenía razón y mis padres y mis Reyes eran pobres por ser bueno.

El próximo año voy a ser como Marcos para ver si así los Reyes me traen todo. Voy a portarme mal y quitarle las cosas a los niños. Hoy ya he conseguido el coche teledirigido pequeño de Marcos. Como no me lo quería dar le tuve que tirar por las escaleras. Al llegar abajo estaba manchado de sangre y le cogí el coche antes de que se levantara. La profesora nos dijo llorando que Marcos no iba a volver pero yo sé que en las películas los malos siempre vuelven. Pero si lo hace no le voy a devolver el coche ¡ahora es mío!

viernes, 19 de septiembre de 2008

Noticia

Llevo andando toda la mañana sin un rumbo fijo. Dejo que mis pies y mi mente decida el trayecto sin pensar en un destino. Me fijo en las caras que se van cruzando y en la gente que tiene claro cual es su destino, y me sorprendo de lo triste que me parece esa gente. Entonces veo la cara de la felicidad en un rostro. Una mujer lleva de la mano a un pequeño que sonríe mientras avanza a pequeños saltitos. Pese a la cara de cansancio de ella en ambos resplandece un sentimiento de alegría. Al pasar a mi lado escucho las palabras de complicidad de ella a él y se me encoge el corazón: "vamos cariño, que tu madre te espera allí con un regalo...".


Al cabo de unos días una noticia aparece en la prensa en la que una madre solicita ayuda para recuperar a su pequeño y en la foto la cara de aquel pequeño feliz.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Envidia

Antes mi vida era perfecta. Tenía todo lo una persona podía desear en el mundo. Juguetes, películas, la comida que me gustaba y lo más importante: los tenía a ellos. Nunca me cansaba de sus atenciones. Me gustaba la forma que tenía mi mamá de arroparme todas las noches mientras me besaba en la frente. Cómo mi papá me leía los cuentos una y otra vez y cómo asustaba a los monstruos que se escondían bajo mi cama. Por algo es el mejor papá. También me gustaba que me dejaran estar sobre su cama después de bañarme. Sé que no les gustaba que saltase en la cama pero me dejaban sin decirme nada. Siempre tenían tiempo para jugar conmigo o para estar viendo una película a mi lado. Antes me querían.

Y un día las cosas cambian. Sé que estaban alegres y contentos pero ya no me hacían tanto caso como antes. No me gustó que me vaciasen la habitación de los juguetes pero por mucho que lloré no me dejaron volver a ponerlos dentro. Bueno, tal vez fuera mejor así, ahora los tengo todos en mi habitación y puedo jugar con ellos siempre que quiera. Pero ahí no quedo la cosa. Mi madre empezó a ir al médico. Yo nunca quise ir, no me gusta como me mira la doctora y una vez me hizo daño.

Cada vez pasaba más tiempo en casa de los abuelos. Ellos me quieren mucho pero no me gustan. Cada vez que pido algo me lo dan pero sus besos saben mal. Huelen a babas. Además la abuela no paraba de decirme que mis padres no me iban a querer y que iba a venir otro niño a casa. ¿Para qué querrían otro niño?

Claro, lo que yo no sabía era que mi madre guardaba un niño en su barriga. Tal vez por eso estuvo tanto tiempo en cama. Ya no me acostaba ella y tampoco podía jugar en casa como antes. Parecía que les molestaba todo lo que hacía y luego llegó él.

Estuve unos días en casa de mis abuelos como cuando tengo vacaciones y, cuando por fin me viene a buscar papá para llevarme a casa, me encuentro un niño pequeño que no sabe hacer nada. Yo me esperaba a un niño como yo para poder jugar. Pensaba que ya que iba a tener un hermano podría ser como yo, así compartiríamos muchas cosas. Estaba claro que nuestros papás me iba a querer más a mí que a él pero no me importaba dejárselos. Pero en vez de un niño me encuentro un bebé pequeño que no sabía jugar a nada, mejor dicho, ni sabía jugar ni sabía hacer nada. No me explico que le veían si lo único que hacía era llorar todo el día y toda la noche.

Mamá estaba enferma por culpa de él. Estaba todo el rato con él y no podía hacer nada conmigo. Ni siquiera me dejaba chupar de la teta como lo hacía él. Una vez quise dejarle un muñeco y lo único que hizo fue chupármelo todo. Pero cuando lo quise recuperar empezó a gritar y tuve que dejárselo. Es verdad que crece mucho pero no hace nada y si yo estuviera todo el día en cama y con los mimos de mamá también crecería. Me acuerdo que una vez estuve unos días en cama y cuando me levanté tuvimos que ir a comprar ropa porque no me servía la que tenía. No es que me gustase ir de compras pero estuvimos todo el día mamá y yo juntos.

No sé porqué no les gusta lo que hice. Desde que llegó el bebé papá y mamá están todo el rato quejándose de que no pueden dormir por culpa de sus gritos. Yo sólo quería ayudar a mamá. La pobre estaba muy cansada y me decía que no podía jugar conmigo por culpa del bebé. Yo soy un niño bueno y le ayudé a descansar. Conmigo se quedó dormido y cuando empezó a llorar le tapé con la almohada y se calló. No sé porque me gritan ahora. Yo sólo quería ayudarles...

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Estrellas

El cielo se haya cubierto totalmente de estrellas. Puede que para una persona que vive en el campo eso no sea más importante que una flor en medio del césped, pero para un niño que toda su vida ha estado en una ciudad esa es una visión increíble. Hace ya tiempo que Juan alza el vuelo hacia su mundo de ilusión. Una ilusión creada por él mismo y que cada noche se encarga de irla ampliando. Todos los días guarda en sus mejillas el mar de lágrimas con el que creará las estrellas. Una vez en su cúpula negra se desprende lentamente de cada gota de amargura, miedo o tristeza y empieza a formar una nueva estrella.

Esta noche va a crear una muy grande gracias a su padre. Él no es malo, lo que pasa es que algunas veces vuelve con ese olor tan desagradable y se dedica a gritarles y pegarles a su mamá y a él. Sabe, también, que por la mañana todo habrá pasado y que su padre le comprará otro juguete porque le quiere. Por eso Juan guarda en el cielo las estrellas, para que cuando su padre venga a verlo por la mañana no esté triste.

Aún se acuerda de la primera vez que encontró este lugar. Esa noche no podía abrir los ojos de los hinchados que estaban y tampoco podía dormir de lo que le dolía la espalda y, sin saber como, se encontró flotando. Primero despacio, ascendiendo por encima de su casa y luego, al mirar hacia arriba, empezó a volar velozmente hasta que tropezó con un enorme cristal negro que en el centro tenía una pequeña Luna a la que le faltaba un trozo. Juan ya sabía lo que era la Luna, cualquier niño de 5 años lo sabía. Pero la Luna estaba muy sola. Fue cuando se fijó en una luz que tenía de sus mejillas. Se frotó para quitárselo y al sacudir las manos vio como las gotas que salieron de sus manos empezaban a brillar con fuerza al lado de la Luna. Eran estrellas. Ya las había visto alguna vez en los cuentos o en las películas. Estuvo contemplándolas mucho tiempo hasta que escuchó unos pasos a su alrededor y cayó sobre sí mismo, mejor dicho, sobre el Juan que estaba en la cama. Abrió los ojos asustado y vio a su padre entrando lentamente por la puerta con las manos a la espalda. Cuando se le acercó a la cama le besó en la frente y dejó sobre él una bolsa de caramelos. Quería estar triste pero no lo estaba porque sabía que su tristeza estaba ahora al lado de la Luna. Por eso, cada vez que su padre se enfada con él, Juan guarda las lágrimas para seguir aumentando el universo y no estar triste por la mañana.


Ahora Juan tiene 8 años y sabe que, aparte de estrellas, hay constelaciones y galaxias y que, cuando las estrellas chocan porque no hay sitio, se transforman en agujeros negros. Su universo es enorme y acaba de crear una nueva galaxia en una esquina, una galaxia tan grande que no se ha dado cuenta de cuando se abría la puerta. Y se olvidó volver.

martes, 16 de septiembre de 2008

Último amante

La brisa que entra por la ventana hace que todo mi ser se estremezca. Hace un momento mi cuerpo hervía en pasión y ahora la contemplo extasiado. Observo detenidamente su piel tersa y la acaricio con dulzura. Descubro un poco la sábana para poder contemplarla mejor. Un aroma dulce desprende su cuerpo y nuevamente noto algo dentro de mi que pide más. Su figura está envuelta por la tenue luz de la luna que entra por la ventana y resalta aun más su figura.

Deslizo un dedo por su silueta delicadamente, recorriendo de principio a fin cada sombra, cada brillo. Aparto el pelo que le cubre su maravilloso rostro para poder besarla nuevamente. Saboreo su miel mientras mi boca se inunda. Me veo en el brillo de sus ojos como un animal hambriento mientras ella me ofrece su carne para saciarme. La atraigo otra vez hacia mi y la envuelvo en mis brazos. Los suyos caen con suavidad sobre mis piernas mientras ladea la cabeza para que pueda besarle mejor. Algo se vuelve a inflamar en mi mientras le beso y le recorro lentamente la cintura. Dejo que su cuerpo se estire sobre la cama mientras le acaricio.

Sus pies son perfectos. Unos pies que han bailado tantas veces haciendo que la gente enloquezca al verla moverse. Unos pies que me han rodeado y que se me ofrecen para poder besarlos, acariciarlos con mis labios. La noche es larga pero mi deseo parece no tener fin. Ya no percibo el frescor de la mañana mientras nos unimos una vez más. Cuando los primeros rayos de sol anuncian un nuevo día mi cuerpo empieza a protestar por el cansancio. Las noches siguen siendo perfectas para la pasión.

La vuelvo a contemplar por última vez tendida sobre la cama mientras empiezo a vestirme. Intento guardar en mi retina ese momento, ese ángel que me llevó al cielo una y otra vez. Y cierro la puerta arrepintiéndome de haberla matado tan pronto.